(Artículo publicado el 7 de julio de 2009)

Mientras el pulso del mundo oscila entre el temor y la angustia, porque la quiebra de sus principales instituciones económicas envuelve el futuro en niebla espesa de incertidumbre, el gobierno de Yucatán se ha alzado con un éxito financiero formidable en las elecciones del cinco de julio.

No abrigamos duda alguna de que el capital inyectado, en dinero contante y sonante, en el proceso electoral ha rendido dividendos e intereses superiores con creces a las que puedan ofrecer los mercados de valores, las casas de bolsa y los bancos.

Las movilizaciones humanas: los recursos asignados al cortejo del individuo y la multitud con el regalo y el halago, la oferta y el agasajo; el grado de saturación por metro cuadrado de espacios urbanos y el subsidio al quehacer de sus candidatos revelan estrategias de inversión diseñadas con pleno conocimiento de causa y clara conciencia del objetivo: arrasar en todo.

Estrategia que podía incluir el sobregiro en partidas del presupuesto para asignar los fondos a destinos publicitarios u otros fines ajenos a la tarea gubernativa. Estrategia que podría ser también la razón de las moras y moratorias en el pago a los proveedores y otros acreedores de la administración pública.

Un ejemplo de la abundancia de plata ha sido la “ola roja” que está al servicio de Ivonne Ortega Pacheco desde su campaña electoral. Ola que ha crecido a intensidades y longitudes de “tsunami”. En la casilla 274, donde votamos, había más camisas encarnadas que funcionarios de mesa. Fue el común denominador en los recintos de votación . La cereza del pastel.

Un pastel que hemos comprado los yucatecos con lo que pagamos para el sostenimiento de las autoridades, sus ambiciones y sus aficiones. Puede haber algo de humor negro en esta alegoría pastelera, pero no disminuye los méritos de la repostera.

No tenemos memoria en nuestra carrera de periodista de que un titular del Poder Ejecutivo se haya presentado en la noche electoral al cuartel de su partido a incorporarse al festejo como la señora Ortega lo hizo anteanoche. A presidirlo como protagonista principal. Las fotografías son testigos de esta primera vez que refleja fielmente la realidad.

Dentro de la ley, ningún instituto político puede tener acceso ni remotamente al efectivo que se ha regado en las actividades del partido oficial. Regado a simple vista. Sin ánimo de ocultarlo. La inferioridad de la oposición fue incuestionable. Insuperable. Pulgarcito contra Goliat.

Oposición que tiene con la comunidad, entre otros compromisos, el deber de pasar revista sin ánimo de venganza o revancha, con criterio cívico, a las desventajas que no le fue ni la era posible remontar. Un análisis sereno que contribuya a desmontar un aparato armado para acelerar el retorno hacia el siglo XX. En el caso, claro, de que la mayoría decida que el tiempo pasado fue mejor.

Los números permitirán medir lo minuciosa que ha sido, lo profundo que ha calado en los yucatecos esta reactivación actualizada y refinada de los modos y maneras que le permitieron a una facción un dominio de siete décadas.

Corresponde a todos los sectores, no sólo a la oposición política, este análisis que debe incluir la actuación del Instituto Federal Electoral en el estado. Repasarla para demostrar si sus criterios han sido imparciales. Si su vigilancia efectiva. Si dio el paso al frente que se esperaba para promover el juego limpio o se concretó a responder sin oportunidad ni suficiencia al exceso u omisión privilegiantes. ¿Merece un voto de confianza a su capacidad para ser estricto ejecutor de la ley en los próximos comicios? Regresemos al principio para concluir nuestras impresiones. Los intereses que ha devengado, los dividendos que ha rendido la inversión oficial en las elecciones del domingo son más altos que los ofrecimientos de las pirámides locales e internacionales que han sonado tanto en estos días. Esperemos que las estrategias financieras que hoy se han puesto al servicio de un partido se pongan en práctica con igual acierto en los programas propios y naturales del gobierno, con los ajustes que adapten esas estrategias a los intereses y necesidades del pueblo.

Entramos por eso en un período de alerta general. Las ofertas de las pirámides son tentadoras, pero hay que estar pendientes de los balances y las rendiciones de cuentas: detrás de la tentación se puede esconder el fraude. Lo acabamos de ver. Lo estamos viendo. — Mérida, Yucatán.

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