(Artículo publicado el 9 de julio de 2009)
La gobernadora ve las elecciones del domingo con un criterio de borrón y cuenta nueva. Un criterio que expresa en estas frases de sus declaraciones del martes: “Hay que darle la vuelta a la página, el proceso electoral terminó y a partir de ayer nosotros tenemos que seguir trabajando como gobierno para que Yucatán siga su camino y sus metas”.
Por buenas que puedan ser las intenciones de Ivonne Ortega, su exhortación no parece conveniente. Parece difícil que Yucatán consiga metas del bien común si el gobierno sigue haciendo lo que hizo durante el proceso electoral.
La visita en Mérida de 78 grabados de Goya nos lleva, por asociación de ideas, a examinar la invitación a “darle la vuelta a la página” a la luz de un cuadro: “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Es la más famosa de las 14 xilografías con las que el grabadista alemán Alberto Durero ilustró en 1498 “Las revelaciones de San Juan”, llamadas por unos “El libro de las revelaciones” y por otros con un nombre más sencillo y conocido: “El Apocalipsis”.
Así como Goya interpreta las realidades del mundo que le tocó vivir, así Durero busca con la forma tocar el fondo de la verdad que encierran los temas de sus obras. Es una investigación insistente que tiene un motivo: la sensibilidad moral que caracteriza al artista, considerado por algunos críticos como el mejor entre los pintores alemanes de todos los tiempos.
Hay una tendencia a usar la palabra “apocalipsis” con un sentido de catástrofe. Es cierto que el evangelista se refiere a luchas terribles e incesantes a que la Iglesia se ha de enfrentar, pero son batallas que culminan en la victoria definitiva sobre la ciudad del mal. En términos generales, apocalipsis significa una revelación sobre el futuro próximo o remoto.
Ya hemos opinado que la señora Ortega se anotó un éxito financiero en las elecciones. El dinero que su administración invirtió en el proceso electoral y la jornada de los comicios es a juicio nuestro el factor número uno en el triunfo de los candidatos del partido oficial. Pero el dinero electorero necesita de condiciones favorables para rendir los dividendos que rindió el domingo.
Una adaptación de la litografía de Durero nos ayuda a identificar esas condiciones. En el cuadro del alemán, donde la anarquía en la composición subraya lo tenebroso, los cuatro jinetes son el hambre, las plagas, la guerra y la muerte. En Yucatán, el hambre, la ignorancia, la pobreza y el miedo han sido los cuatro jinetes que transportaron el dinero hacia la conquista del voto vencedor.
El dinero no puede cumplir sus objetivos sin esas cuatro cabalgaduras. Doblar la página como la señora Ivonne pide, equivale a darles rienda suelta a los cuatro jinetes que representan la verdad dominante —verdad interior que Goya y Durero buscan— en el paisaje electoral yucateco. Rienda suelta para que sigan cabalgando en una visión apocalíptica de nuestro futuro. Una visión en que las metas que se proponga el gobierno no coincidan necesariamente con los objetivos del bien común. Metas que pueden conservar o agudizar las condiciones propicias al lucro electoral que se obtiene con la explotación política del hambre, la pobreza, la ignorancia y el miedo.
En nuestro primer comentario sobre las elecciones dijimos que los números nos indicarían lo profundo que ha calado en los yucatecos la reactivación refinada y actualizada de las tácticas y los métodos que le permitieron a una facción un dominio de siete décadas. Con el complemento de las descripciones de la campaña y la jornada electoral, los números publicados señalan que la penetración ha sido profunda. Tan profunda, que ya es frecuente que el ciudadano busque ansioso vender su voto, que salga a ofrecerlo por temor a que no se lo vengan a comprar.
En vez de dar vuelta a la página, nos irá mejor si la repasamos con cuidado. Con la urgencia de no dejar para quién sabe cuándo lo que debemos empezar hoy. Esa página es una apocalipsis sobre el índice creciente de corrupción que está contagiando el espíritu cívico con incidencia que avanza hacia la epidemia. Es difícil que en un ambiente de anorexia moral pueda prosperar el trabajo que la gobernadora ofrece en su exhortación, por buenas que puedan ser sus intenciones.— Mérida, Yucatán.
