(Primera Columna publicada el 24 de abril de 2009)

Nos da pena. La pena ajena que se siente cuando se ve a una persona en una situación degradante en la que uno no quisiera estar jamás. En el callejón sin salida en que se ha metido el panista Jorge Lavalle Maury al jurar ante el Congreso que no estuvo presente en la reunión del miércoles 25 de marzo donde él, en su calidad de representante del candidato a la gubernatura, aprobó, con su silencio, la orden de cobrar a la Lotería la propaganda política del PAN para las elecciones de julio.

En nuestro comentario del domingo 19 de abril sostenemos que las declaraciones que rindieron los testigos panistas de la reunión, Lavalle Maury y el anfitrión Carlos Mouriño Terrazo, podrían despejar las dudas que se podrían alegar sobre el objetivo y el tema de la reunión celebrada en Las Torres de Cristal. Ha comenzado el despeje.

Hay mentiras creíbles cuando son fruto del ingenio y la sagacidad. Hay mentiras inverosímiles como ésas en que cae Lavalle Maury cuando, en un escrito que leyó en cinco minutos, choca de frente contra las evidencias al decir a los diputados que Megamedia miente en su versión de los hechos. Si vas a mentir, por lo menos di algo que se pueda creer.

Lavalle y su familia, los campechanos y cualquiera en su sano juicio que esté enterado de las circunstancias de la reunión de Campeche saben que Megamedia dice la verdad. Se ha tratado de defender a Lavalle con su publicada renuncia o destitución, como coordinador de la campaña y como funcionario federal en Campeche. De defenderlo también con la interpretación incriminatoria de que no hizo nada malo, con las negativas a conceder entrevistas a este periódico, con el silencio en que se escondió 28 días antes de dar la cara.

A estas alturas del escándalo, pretender escapar por la puerta falsa de que yo no fui, de que yo no estaba presente en la reunión, es una explicación concebida para débiles mentales que comulgan con ruedas de molino. Una explicación que en las calles de la política es un accidente de tránsito, una volcadura aparatosa por no respetar las luces rojas de la prudencia y el sentido común.

Espulgaremos y comentaremos a renglón seguido algunas declaraciones de Lavalle Maury que despejan las dudas que pudo haber sobre su valor civil:

1. Dice que no estuvo en la reunión con Megamedia el miércoles 25 de marzo en Las Torres de Cristal.

a) Los representes de Megamedia reiteran que Lavalle les abrió la puerta del edificio y personalmente los condujo a la sala de juntas, donde se sentó en un extremo de la mesa, abrió su computadora laptop y guardó silencio durante toda la reunión.

b) Miércoles 1 de abril. Entrevista con “Grupo Imagen”. Martín Espinosa le pregunta a Miguel Angel Jiménez, director de la Lotería, si Lavalle Maury estaba en la reunión. Respondió que sí estaba presente: “Circunstancialmente sí estaba”.

c) Martes 14 de abril. Entrevista con Megamedia. El reportero le pregunta a Mario Avila Lizarraga, aspirante panista a la gubernatura de Campeche, su postura sobre el intento de pagar su propaganda electoral con fondos de la Lotería. El candidato, confirmando que Jorge Lavalle estuvo en la reunión, responde: “He platicado con él y en todo momento me ha dicho que no incurrió en ninguna irregularidad y no ha hecho nada malo”. El uso del verbo “incurrir” es significativo: indica que estaba allí.

d) Martes 14 de abril. Entrevista con María Asunción Caballero May, presidenta estatal del PAN en Campeche. Pregunta: ¿Qué cree que estaban haciendo Mouriño y Lavalle en la reunión con el director de la Lotería? María Asunción responde: Puedo creer que muchas cosas, pero no sé qué, porque no estuve allí. La presidenta dice que no sabe qué hicieron, pero confirma que ambos estaban en la reunión.

2. Lavalle afirma que nunca fue coordinador de la campaña de Mario Ávila Lizarraga.

a) Miércoles 1 de abril. 19:30 horas. Comunicado emitido por la casa de campaña del candidato a la gubernatura. En una hoja membretada, Jorge Lavalle informa que se separa de la campaña de Mario Ávila y que su lugar sería ocupado por Juan Carlos del Río, quien después es presentado como coordinador de la campaña.

b) Jueves Santo. Pasado el mediodía. Altos dirigentes nacionales del PAN se comunican con el personal directivo de “Diario de Yucatán”. Confirman la presencia de Lavalle Maury en la reunión con Megamedia y esgrimen el argumento de que se quedó callado, de que “él dice que no hizo nada malo”. Presentan el argumento para justificar una solicitud de Mario Ávila Lizarraga: que Lavalle Maury retorne a la coordinación de la campaña porque su trabajo es indispensable.

Los dirigentes panistas quieren oír la opinión del “Diario”. Les contestamos que Lavalle es cómplice de un delito: no protesta, no dice que no está de acuerdo, lo acepta con su silencio. Tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata. La rehabilitación, claro, no es imposible, si Lavalle confiesa y atribuye su culpa a inexperiencia, por ejemplo. Ni así debería regresar a la coordinación. Si tanto se le necesita, que su trabajo sea discreto.

El periódico recomienda que el candidato, la presidenta del PAN y Lavalle, en rueda de prensa, digan la verdad para parar en seco la polémica, evitar las comparecencias, frenar las investigaciones y detener los ataques. Lástima que hayan preferido el camino del escándalo. ¡Qué pena!

3. “Han dañado mi nombre y el de mi familia”.

Es cierto. Él, Jorge Lavalle, y todos aquellos que le aconsejaron el escondite, el silencio y después la mentira son los autores del daño. Nadie más. Megamedia dio importantes y oportunos pasos para evitarlo, como ya hemos señalado, podemos señalar con mayor detalle y lo haremos si lo consideramos necesario.

4. Lavalle alega: “Desconozco los motivos del ‘Diario’ en sus publicaciones sobre la reunión de Megamedia, el PAN y la Lotería. No me voy a pelear con un medio de comunicación”.

Al rechazar la propuesta con soborno que le propuso la Lotería Nacional con la anuencia de los panistas, el “Diario” no aceptó una publicidad que le habría significado un ingreso de más de seis millones de pesos. La rechazó en defensa de la ley, la democracia, la moral pública y la recta inversión de los dineros del pueblo. Defensa que parece no importarles a Jiménez y Lavalle en sus perjurios ante el Congreso.

Para el “Diario”, como para Megamedia, la propuesta ilícita, la tentativa de soborno, Jiménez, Mouriño y Lavalle han pasado a un término secundario en las prioridades que tenemos en este conflicto. Son consecuencias colaterales de nuestro propósito fundamental. El “Diario” no pelea con Lavalle: siente pena ajena por un comportamiento que le hace daño a él, a su futuro político y a su familia. Un daño que lo rebaja a la estatura moral de Miguel Angel Jiménez.

Diario de Yucatán”, fiel a sus principios, pelea para defender la verdad. Pelea contra la intención de que la mentira y la farsa se instalen otra vez en la vida pública de México. Por eso siente pena, no ajena, por la inquietante indefinición del partido en el poder en este caso donde la fidelidad a los principios de Accción Nacional ya pudo haber puesto fin hace rato al escándalo de Megamedia, el PAN y la Lotería.

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