(Artículo publicado el 28 de febrero de 2010)

La detención por la policía de dos jóvenes vendiendo camisetas con la leyenda “Yo chiflé a Ibom” invita a recordar un episodio que pone de relieve el retroceso cívico y democrático en que se ha embarcado el gobierno de Ivonne Ortega Pacheco.

En célebre lugar de Londres llamado la “Esquina del Orador” (Speaker’s Corner), en la esquina noreste del Parque Hyde, donde se cruzan grandes arterias de la capital inglesa como Piccadilly, Park Lane y Knightsbridge, un grupo pequeño de turistas conversaba mientras alguien decía un discurso.

Un policía se les acercó y les pidió que guardaran silencio para que el público, que era numeroso, pudiera oír bien al orador. El discurso era una crítica severa a la policía de Londres.

En esa esquina de Hyde Park cualquiera puede plantarse a pronunciar un discurso sobre el tema que se le antoje, sin pedir permiso, a la hora que le plazca y en el tono que escoja. Los ataques furibundos se pueden oír desde los restaurantes Rhodes Brasserie, del Hotel Cumberland, o Locanda Locatello, del Hyatt Regency. Nadie interviene para nada.

El gobierno vela por la vigencia de esta tradición británica. En 1999 un magistrado de la Suprema Corte, Lord Sedley, estableció en una jurisprudencia que amparaba a un orador de Hyde Park: “La tolerancia de la ley a la libertad de expresión se extiende a toda clase de opiniones y convoca a que observen esa misma tolerancia a quienes no estén de acuerdo con lo que oyen”.

Lord Sedley fue más allá en su resolución: la libertad de expresión “no se puede limitar a lo inofensivo sino también a lo irritante, lo polémico, lo contencioso, lo excéntrico, lo que no sea bienvenido y lo provocativo siempre que no incite a la violencia”.

Por si fuera poco, el artículo décimo de la Convención Europea de los Derechos Humanos consagra el derecho a ser ofensivo en la expresión de las ideas.

Hay ciertos límites en la esquina de Hyde Park, que se suele ver con frecuencia en las fotos de Londres porque está frente al Marble Arch (Arco de Mármol), que en su diseño imita el arco de Constantino en el Foro Romano. Los límites prohíben las incitaciones al terrorismo o a derrocar al gobierno, el lenguaje soez y los ataques a la familia real.

Hay una distancia trasatlántica entre la conducta de los policías londinenses y el comportamiento de los gendarmes yucatecos. Nos dirán que nosotros todavía nos vestíamos con plumas y practicábamos los sacrificios humanos cuando ya los barones y empresarios de Inglaterra habían impuesto severas restricciones al poder del rey Juan sin Tierra en 1250 con la firma de la Carta Magna (aquí tampoco se llevan muy bien los empresarios y la gobernadora: los planta). Nos añadirán, quienes hayan visto la teleserie sobre la familia real Tudor, que la corte inglesa ya era un ejemplo de cultura y bien vivir, a pesar de los excesos de Enrique VIII, cuando Montejo aún no fundaba Mérida. Cierto, pero…

Pero la detención de los jóvenes con la camiseta, ubicada en el contexto de la historia y las libertades inglesas, recalca el retraso atávico en que suelen caer los gobiernos del PRI cuando sus titulares se comportan como lo hacen la señora Ortega Pacheco y su corte. A menos que la Procuraduría considere que decir que “Yo chiflé a Ibom” es una incitación a la violencia, una invitación al terrorismo o una maniobra para derrocar a las autoridades. O que debemos reconocer a doña Ivonne como cabeza intocable de una familia real, en cuyo caso el Congreso, con su docilidad de costumbre, debe instituir como insulto procaz a S.G.M. Ivonne I cualesquier silbido, similares y conexos.

Es para ponerse a reír, porque, además, se detiene a los dos muchachos porque —dijo la policía— en la venta de una camiseta que vale 20 pesos ambos dieron como cambio billetes falsos de 200 pesos. Para ponerse a reír si no fuera porque esta reacción oficial ridícula a los chiflidos tiene un tufo a terrorismo y revela una propensión a la arbitrariedad y a la represión violenta que conculcan los derechos que el sentido común y la constitución política mexicana otorgan a la libertad de expresión.

Los padres de los detenidos acudieron a un partido de la oposición para pedirle que los defienda contra la agresión del gobierno, porque no ven otra manera de protegerlos contra el abuso de autoridad. Al paso veloz a que desciende en el retroceso democrático, el gobierno está haciendo todo lo que está de su parte porque el ciudadano, convencido de que no hay otra manera de defender sus derechos en Yucatán, traslade la defensa de la ley a las urnas con un voto contra los candidatos del PRI. Las casillas serían nuestras esquinas de Hyde Park. Quien la hace la paga.— Mérida, Yucatán, 27 de febrero de 2010.

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