Socavón en el parque Viernes Santo de la colonia Emiliano Zapata Sur, de Mérida. Un arquitecto explica al Diario que los fallos que una obra pueda presentar son resultado de alguna situación no prevista o atípica
Socavón en el parque Viernes Santo de la colonia Emiliano Zapata Sur, de Mérida. Un arquitecto explica al Diario que los fallos que una obra pueda presentar son resultado de alguna situación no prevista o atípica

El pasado 3 de abril, en el parque Viernes Santo de la colonia Emiliano Zapata Sur, una sección de dos metros de diámetro del piso del teatro se desfondó debido a un deslizamiento de tierras por las lluvias que se han dejado caer en Mérida.

Si bien el incidente no afectó a personas y las autoridades municipales acudieron para reparar el daño, surge una duda sobre a la calidad de las obras que se llevan al cabo, la cual queda en tela de juicio en cuanto a diversos factores, desde la planeación, la calidad de los materiales, la ejecución del proyecto y hasta los tiempos de entrega del mismo.

La realización de toda obra, desde un parque hasta algo de mucha mayor complejidad pública o privada, está sujeta a una normatividad oficial vigente que abarca varios aspectos que no pueden omitirse, ya que ello depende su correcta realización, funcionalidad y durabilidad.

No se trata de un problema menor, los parques son espacios donde todos los días y a distintas horas numerosas familias se concentran para esparcimiento y diversión; además de estéticos, esos sitios deben ser funcionales y seguros; que los parques estén bien construidos es una cuestión que debe preocupar a las autoridades y su mantenimiento ser una prioridad constante.

Toda obra bien realizada puede verse afectada por circunstancias no previstas, situaciones extraordinarias, imponderables no considerados en la norma no por omisión, sino porque circunstancialmente pueden presentarse e incidir en ella.

Materiales, suelos, usos, capacidades, tensiones, resistencias, declives, e incluso impacto ambiental, todo cuenta al momento de planificar y ejecutar, nada puede improvisarse y aun así pueden ocurrir situaciones atípicas no consideradas que terminan provocando alguna afectación a la obra.

Fallos

“Muchas veces los fallos que alguna obra puede presentar son resultado de alguna situación no prevista o atípica”, explica el arquitecto Enrique Duarte Aznar, director de la escuela de arquitectura de la Universidad Anáhuac Mayab de Mérida.

“Diseñar y realizar una obra supone de los arquitectos e ingenieros un apego a la normatividad oficial en la materia. La norma oficial establece los parámetros sobre los cuales se basa la factibilidad de un proyecto”, agrega el entrevistado.

“Cuando se trabaja en un proyecto se trata de contemplar todas las variables que existan para elegir las alternativas más adecuadas para alcanzar el objetivo en forma eficiente, nada se queda al aire porque la norma nos dicta que podemos y que se debe hacer según el caso, sea un parque público, un fraccionamiento, un supermercado, etcétera”.

“Pasa que en algunos casos es probable que se presenten situaciones no previstas o atípicas que provocan afectaciones en las obras; no quiere decir que estén mal planeadas o ejecutadas, simplemente son situaciones para las cuales no estaban preparadas”.

En algunas regiones los tornados, los terremotos, el calor extremo y el desbordamiento de ríos ponen a prueba las obras.

En el caso de Yucatán, las precipitaciones pluviales atípicas en intensidad, duración y temporalidad, y meteoros atmosféricos como huracanes que desplazan grandes volúmenes de agua y traen consigo vientos de gran potencia deben considerarse en todo proyecto a la intemperie.

Su reglamentación se sustenta en las normas oficiales, una suerte de reglas y conceptos que deben observarse para llevar a buen fin el proyecto, normas que conocen muy bien los diseñadores, arquitectos, que conceptualizan el proyecto, y los realizadores, ingenieros, que son quienes lo materializan.

A manera de ejemplo, Duarte Aznar se remitió al terremoto de 1985 en Ciudad de México, cuya magnitud fue inédita en ese momento, provocó que muchos edificios colapsaran, ya que no estaban pensados ni ejecutados para resistir sismos de esa magnitud; fue necesario cambiar las normas de construcción y establecer nuevos parámetros.

“En Yucatán el principal aspecto a considerar como imprevisto es el viento. Las obras deben poseer características que las hagan resistentes y capaces de soportar la intensidad de vientos huracanados, y aunque podemos adecuar los proyectos para hacerlos viables, a veces suceden cosas que nadie hubiera previsto”, indica.

“Por ejemplo, cuando las intensas lluvias de 2020 se dejaron caer en la entidad, llovió en unas horas lo que llueve en todo un año, no habíamos tenido que lidiar con esos volúmenes de agua; lo que pasó es que el manto freático se cargó tanto que era imposible eliminar el agua”.

“Recordamos los fraccionamientos que durante semanas estuvieron inundados, ¿cuándo se había visto algo así? Y no es porque el desarrollo estuviera mal planificado o realizado, se cumplieron las normas en la materia, pero no contemplaban una situación atípica”.

“Los estacionamientos subterráneos de las plazas comerciales, igual; todos eran funcionales aun en temporada normal de lluvias, pero aquella vez llovió tanto que terminaron fallando sus desagües”.

Factores impredecibles

El especialista manifiesta que cuando un conjunto de obras se realiza dentro de la misma normatividad, aunque de repente una de ellas presenta un problema, falla y las otras no, no significa falta de capacidad o cuidados de los diseñadores y ejecutores, sino que existen factores impredecibles que afectan al proyecto.

Cuando se trabaja bajo normatividad, detalla, se sabe perfectamente los alcances y posibilidades de lo que se está haciendo dentro de condiciones preestablecidas como típicas.

Cuando algo atípico se presenta hay la posibilidad de que la obra falle porque no está pensada para situaciones como precipitaciones intensas o que en algún momento la presencia de una lluvia reacomode la tierra que hay por debajo del piso.— Emanuel Rincón Becerra

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