(Primera Columna publicada el 4 de febrero de 2011)
Vittorio Zerbbera, embajador en México, con residencia en Mérida, del “Movimiento Mundial contra la Mafia”, confió a César Pompeyo, durante su charla de ayer en el parque de San Juan, que el cuartel general del MMM, con sede en Sicilia, le ha pedido una semblanza del Partido Acción Nacional en Yucatán.
—¿También hay mafiosos en el PAN? —preguntó alarmado Pompeyo.
—Si me vas a preguntar a mí, César, en vez de que yo te pregunte a ti, no iremos a ninguna parte. Te presentaré ciertas impresiones mías y tú me dirás si ando por buen camino.
—Nos interesa la otra cara del PAN: la que no se discute en los cafés ni atisban los sabelotodos. Desde mi mirador independiente de extranjero, yo veo en el PAN un partido ensimismado. Mira más hacia adentro que hacia afuera. Como que se desvive por revisar, analizar y volver a revisar sus problemas domésticos en vez de atender con preferencia el momento que se vive en la calle.
—Más o menos, Vittorio. Sí y no. Yo diría que esa definición tuya puede tener alguna validez en el campo electoral. No puedo negarte que hay motivos para pensar que, en los conciliábulos para designar a sus candidatos, el PAN yucateco trata antes que nada de complacer las demandas de sus enfrentadas facciones y las exigencias de sus cabezas y cabecillas. Como que relega a un segundo plano, algo distante, lo que piensan y lo que quieren los yucatecos de los candidatos.
—Quiero insistir, César, en el ensimismamiento. Ya huelen a eternidad, con tendencia a in memóriam, las acusaciones, quejas y comentarios sobre los pleitos caseros en el partido. No hay analista de prestigio que no se sienta obligado a diseccionar y registrar con lupa las rebeldías, las divisiones, las incompatibilidades. Un regusto en la penetración de las heridas. ¿Qué le puede aportar el PAN a la sociedad? ¿Qué virtudes, ausentes hoy, puede este partido devolver a la vida pública? Eso lo dejan para mañana. O pasado mañana. Hoy todos los ojos están hundidos en los pecados cometidos ayer, en los pecados que se podrían cometer mañana. Hay en los panistas cierto instinto masoquista. En sus críticos asoman con frecuencia los apetitos del buitre.
—El PAN yucateco, caro amigo, tiene mucho qué aprender del PRI. Los priístas nunca desmenuzan su pasado en busca de iniquidades. El PRI sabe perdonar. Los que se van, regresan. Se les recibe con honores. Los que estaban en la otra acera ya pueden cruzar la calle y serán recibidos enfrente con los brazos abiertos. Si Alejandro Dumas retornara a escribir una novela histórica del PRI repitiría, para describir al partido, la frase inmortal de los tres mosqueteros: todos para uno y uno para todos. En este espectáculo de disciplina, obediencia y unidad, mientras más mete la pata madame Ivonne, más seguro se proclama el PRI de sus carros completos en las elecciones.
—Se van a molestar los yucatecos, Vittorio, por esa deducción tuya de que les gusta que les peguen. Por esa inferencia de que mientras más mal los trata una gobernante más la miman y más votos le dan a su partido.
—Eso decís, vos, César, no yo. Yo guardo el mayor respeto por los yucatecos. Agradezco su hospitalidad. Rezo para que la Santísima Trinidad se apiade y los libre de las cuentas fantasmas y otras calamidades que os llueven todos los días. Que la Divina Providencia os arme de la paciencia y la fortaleza con las que se enfrentó San Pablo a sus diez años de pruebas. Vosotros ya lleváis cuatro.
—El PAN podría ayudar al Altísimo a redimir a los yucatecos de sus tribulaciones si no refundiera en el destierro perpetuo a los culpables de presuntos delitos. En el Sanedrín del partido, sus sumos sacerdotes y sacerdotisas predican inflexibles la doctrina vengativa del “vas a ver”, del “me la vas a pagar”, y la practican implacables como si fuera una profesión religiosa. El perdón es una impureza inadmisible. Olvidan los puritanos que el Nazareno vino a salvar a los pecadores, no a encumbrar a los justos.
—El resultado, César, es la fragmentación del partido, la diáspora o, peor aún, la emigración. Al PRI, monolítico, tolerante, cómplice en vez de juez, lo vemos “aquí” con claridad. Al PAN, intransigente, multipolar, lo vemos “aquí, acá, allá y acullá”. ¿Hacia dónde voy a mirar? ¿Cree usted que la reaparición de Patricio Patrón es una medida destinada a poner orden en la confusión y frenar a los desbocados?
—Del señor Patrón Laviada podemos conversar otro día, Vittorio. En estos momentos me parece que es deber de amigo advertirte que esa semblanza del PAN que te propones enviar a Sicilia se basa en especulaciones, en polémicas inconclusas, en dimes, diretes y diagnósticos controvertibles inducidos quizá y divulgados con gusto por sus enemigos de siempre. No puedo negar que el río suena, pero no sé cuánta agua lleva.— Mérida, 4 de febrero de 2011.
