(Primera Columna publicada el 20 de noviembre de 2010)

Vittorio Zerbbera, posgrado en Economía Política por la Universidad de Bolonia, la decana de los centros italianos de enseñanza superior, ha leído con cierta incredulidad la catástrofe financiera de Ivonne Ortega Pacheco en el dictamen final de la Cámara de Diputados sobre las asignaciones del presupuesto federal a los estados de la república.

—¡Increíble! —comenta el mafiólogo a César Pompeyo en su banca del parque de San Juan—. ¡Inusitado! Los diputados del PRI, su propia sangre, que son la mayoría, abandonaron a madame Ivonne. Le han dado las espaldas. Se pudrieron sus 25 proyectos.

Pompeyo, amigo de la exactitud, se apresura a rectificar algunos conceptos y cifras del señor Zerbbera:
—Los que se pudrieron no son los proyectos, Vittorio. Se pudrieron los 700 mucbilpollos originales que mandó la gobernadora a los diputados para que le aprobaran sus proyectos, que son parte de sus 225 sueños, los que presentó en noviembre de 2009 a los mismos diputados con el título de “Apadrina un sueño”.

—Esta desgracia de madame Ortega me recuerda, César, aquella confesión de Segismundo, el infeliz hijo del rey, en “La vida es sueño” de Calderón de la Barca:
“Todavía estoy durmiendo
y no estoy muy engañado,
porque si ha sido soñado
lo que vi palpable y cierto,
y no es mucho que, rendido,
pues veo estando dormido
que sueño estando despierto.

—Excelente, Vittorio: hace tres años que Ivonne sigue soñando despierta: por eso no rinde. Ella entre sueños y Yucatán entre pesadillas. Así terminará 2012, porque la señora se dedica a soñar lo superfluo y no despierta a lo necesario.

—No despierta ni ante el estruendo del descarrilamiento del tren bala. Ningún peso aprobaron los diputados para este proyecto que va a terminar, si se realiza, en tren de Sotuta. Que siempre llega tarde.

—Los que van a llegar tarde a todas partes, si es que llegan, sois vosotros, César. Si madame sigue viajando entre las nubes, si no baja de su luna de Valencia, los yucatecos no habréis aprendido nada del filósofo italiano que dijo: “No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”.

—Un plagio, Vittorio. Quien lo dijo fue un arriero en una canción de José Alfredo Jiménez.

—¿Arriero? Mejor, César, le va mejor a los yucatecos de este oficio. O empezáis a arrear pronto, y de veras, o se los va a llevar el tren, quieran a no quieran los diputados. Ya estáis en el andén: Madame Ortega pide pan y el Congreso le da queso; pide queso y le da pan. Ahí tenéis: solicita 15 millones para el Hospital O’Horán y sólo le dan 11, pero para el Hospital Regional de Alta Especialidad. Vos sabéis que odia con alma, vida y corazón este hospital que construyó il signore Patricio.

—Tal parece, Vittorio, que son los diputados los que no pueden ver ni en pintura a la gobernadora. Le han reducido a 29 millones los 195 que pidió para la carretera de Hunucmá a Sisal. El 7.6 por ciento. Pide 2,126 millones para sus sueños y le dan 168. El 7.9 por ciento. Yucatán no puede vivir al 7 por ciento.

—No hay un peso para su sueño número uno: el nuevo edificio de la policía. Ni un solo centavo para el famoso malecón, que, si lo termina, cuando ella se vaya los progreseños lo van de arrasar sin dejar piedra sobre piedra, como a Jerusalén. Bueno: sólo ha podido realizar cinco de sus 250 sueños. El dos por ciento. Estamos fritos.

—Regresemos, César, a Calderón: vamos a “ayucatanar” el verso famoso del auto sacramental de don Pedro:
“Si lo que os dan es pequeño,
es que el gobierno es un sueño
y los sueños, sueños son”.

—Yo prefiero retornar a José Alfredo para medir el futuro del yucateco, callado, paralizado ante el maremagnum de sueños —propone Pompeyo:
“Si la señora persiste
vas a llorar y llorar,
llorar y llorar.

Como nada le dijiste,
te vas a quedar muy triste
y así te vas a quedar”.

—Y como Ivonne, con dinero o sin dinero, hace siempre lo que quiere, que es lo que no queremos nosotros, pues va a ser difícil, Angélica, muy difícil, Rolando, que el PRI siga siendo el rey.— Mérida, Yucatán, 18 de noviembre de 2010.

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