(Primera Columna publicada el 8 de mayo de 2009)
—De la misa no sabes ni la mitad —dijo César Pompeyo al reportero mientras comentaban, en la banca de costumbre, los relatos del “Diario” sobre el reventón organizado en Chichí Suárez durante el ayuno y abstinencia dispuesto por el gobierno federal con motivo de la pandemia.
—Te preparé un resumen cronológico y demográfico de las versiones que corren —prosiguió don César—. Tú investiga qué hay de cierto y qué hay de falso, dónde estamos en la provincia del chisme y dónde en los dominios del rumor que nadie puede probar aunque esté de boca en boca . Es un resumen punto por punto para facilitarte la verificación:
UNO. Ivonne llamó a los responsables de los antros y otros negocios similares de la propiedad de benefactores de la administración pública. Los reunió y les dijo poco más o menos: Con motivo de la influenza porcina don Felipe ha prohibido las porquerías, de manera que ustedes tienen que cerrar hasta nuevo aviso.
DOS. Uno de los antrópodos concibió de inmediato la viveza de lucrar con la prohibición y armar una pachanga exclusiva en un terreno enyerbado de la ex hacienda Chichí.
TRES. Testigos presenciales e interlocutores de teléfono descompuesto aseguran que la concurrencia, entre 1,200 y 1,500, estaba integrada por:
1) Meseros, “valet parkings” y “barmen”.
2) Los R. P. Los “Relaciones Públicas”. Escogidos personalmente por los propietarios, son los mandamases de los antros. “Vedettes” de la oscuridad. Tienen la primera palabra y también la última. A éste lo dejan entrar y a ése no, nomás porque sí. Asignan mesas y las quitan. Obsequian botellas. Se pavonean por los pasillos. Etcétera.
3) Los enganchadores. Son los que avisan. Si eres “fresa” o estás “in” te dejan un correo en tu celular o un recado en tu computadora. Si no eres ni estás, pero tienes con qué, también te contactan. Están a comisión. Por cada tres mesas que llenan les dan una tajada. A tanto por trago. Si te va bien te da para un fin de semana en Playa del Carmen, “all inclusive”.
4) Las “Doble Ve”. Damas de la jailaif con apetitos desordenados. Descuidadas, insatisfechas o insaciables. Unos les dicen las Valquirias, por su afición a los potros. Otros las llaman las Vaqueras, porque andan tras ganado joven.
5) Unas 20 ó 30 teiboleras y socias de la antigua cofradía. Cada vez son menos porque ellas cobran y aquéllas pagan.
6) Los “dealers”. Distribuidores de yerba. Repartidores de pastillas. Proveedores de polvo.
7) Los “grifos”. Son el terror de los “dealers” porque llegan cargados y llevan, además, su propio bastimento. Como los conocen, enseguida los dejan entrar. Son imprescindibles: sin ellos no es lo mismo. Con ellos no hay el “déjame ver” o el “lo voy a pensar”. Extirpan de raíz los remilgos y los escrúpulos. Aportan esa cosquilla enervante de que cualquier cosa puede pasar.
8) Las “alcolímetras”. Alumnas de secundaria y preparatoria. Atrevidas e inhibidas. A las dos de la mañana ya no deben manejar. A las dos y media ya no pueden. Las acarrean a su casa. Al día siguiente no se acuerdan de nada y por eso no les remuerde la conciencia. O se acuerdan de todo y por eso regresan a darle vuelta a la hilacha. Luego se casan de blanco.
9) Las “entreguistas”. Sirenetas de medio pelo y pelo entero. Niñas bien y chavas que están mejor. De entrega inmediata. Inventariadas por meseros y “barmen”. Pregúntales a ellos y sabrás qué terreno pisas. Te las muestran y catalogan: “Esta sí, ésta también, ésa ya casi, aquélla todavía no, pero…”. No hay pero que valga.
10) Los “marchantes”. De uno y otro sexo. De ambos sexos, que es distinto y de rotación mayor. Circulan de antro en antro como Pedro por su casa. Jueves, viernes y sábados. Días hábiles y fiestas de guardar. ¿Quieres verlos? Allá están. Ellos y ellas. Brincan y beben. Beben y vuelven a brincar. Después, el “after”. Donde y como sea. Sin preocupaciones: mamá está durmiendo o no ha llegado todavía. Papá…
11) Los “bisoños”. Están haciendo sus pininos en esta disipación nocturna. Son los catecúmenos y las catacúmenas de los antros. Están en kínder y ya quieren graduarse. Los y las seduce el riesgo certificado de perder la inocencia. Si ya la perdieron, se les abre, como valor agregado, el acceso a un horizonte insondable de fantasías y tentaciones.
CUATRO. Saidén ya estaba enterado con la debida anticipación por los soplones de siempre. Los estaba esperando. De pronto les cayeron de a montón. Entre 80 y 100 encapuchados con armas largas. Arrastraron a enganchadores, R.P., valets, meseros, barmen, grifos, alcolímetras, vecinos de botella y colegas de yerba. A muchos los amarraron. Se los llevaron en camiones y camionetas. Pasaron de 150 los detenidos y me quedo corto. Los que le dieron las llaves de sus autos a los valets, se fueron a su casa a pie si no se fueron al bote. Reventón reventado.
CINCO. Los acusan de asociación para la embriaguez sin conocimiento de la autoridad. Faltas a la moral sin el permiso correspondiente. Delitos contra la salud por menudeo y consumo de estupefacientes. Traición a la patria por desobediencia premeditada a Felipe, exposición masiva al virus e incitación a la China para que nos agarren y encierren. Como hay cosas que son privativas de la Federación, dicen que aquí no pueden hacer nada por los que siguen en la cárcel, aunque sean los VIPS del antro y amigos del candidato. Eso dicen. Otros piensan que Ivonne está molesta porque la desafiaron, porque le hicieron trampa. Pero creen que, en tiempo y forma, hay maneras de que se le pase la molestia y modos de contentarla.
—No quiero quemarlo don César, pero ¿cómo sabe usted tanto detalle? —se extrañó el reportero—. Ese lenguaje del resumen no va con usted. No sé si el periódico aceptará estas versiones escandalosas que lastiman a un estimable sector de la sociedad. 200 golondrinas no hacen un verano.
—Como me contaron te lo cuento, reportero. Ojalá sólo sea un sector y no pasen de 200. Yo te sugiero que publiques el resumen tal como está y luego hagas las reducciones y deslindes que te soliciten, las que sean necesarias para separar el chisme del rumor. Para distinguir entre el “me contaron” y el “ yo lo vi”. Si lo que quede lastima, ¡qué bueno¡ Eso significa que se puede curar. Si no sabemos lo que dicen de nosotros, ¿cómo vamos a saber lo que somos? Si no sabemos lo que somos, ¿a dónde vamos a parar?
