(Primera Columna publicada el 6 de julio de 2012)

En su tercera y última asesoría al informe que don Vittorio Zerbbera rendirá a la antimafia sobre las elecciones en Yucatán, César Pompeyo se levantó de la banca habitual, en el parque de San Juan, y se puso de pie para aplaudir a los 185,000 meridanos —casi 200,000 cuando concluya el recuento— que en las elecciones del domingo, en una jornada quizá inédita de civismo, desafió a la maquinaria pesada de la corrupción para rescatar a su ciudad de la postración generalizada en que la sumió, apoyada en el PRI, el ayuntamiento de Angélica Araujo.
—Recurro al adjetivo de “inédita”, Vittorio, porque no recuerdo que en casillas como la mía, y muchas otras de que he tenido noticia, haya reinado en comicios anteriores el clima de fraternidad que compartimos y disfrutamos en esta ocasión.
—No dudo que hubiera en el pasado concurrencias notables a las urnas, mas el ambiente era distinto. Habrá quienes recuerden la votación caudalosa de noviembre de 1969, pero el estado de ánimo era otro: la gente estaba enardecida, furiosa contra la federación, el gobierno del estado y el congreso local por el escándalo en la introducción del servicio de agua potable y el servilismo lamiscón del ejecutivo yucateco, su partido, los diputados y los sindicatos oficialistas, que se solidarizaron sin pudor con las injurias y el maltrato del presidente Gustavo Díaz a los yucatecos.
—Entre otros motivos que incitaron entonces a la rabia popular descolló el despojo militar que, en la madrugada, como puñal en la espalda, arrebató la policía a la comuna de Víctor Manuel Correa Rachó para que el PRI pudiera utilizarla después en el que ha sido, quizá, el mayor fraude electoral de nuestra historia.
—En mi casilla, Vittorio, no se hablaba de política. Mi impresión es que todos ya sabían muy bien a lo que iban. Sin importarles el sol que rajaba piedras, la enormidad de las “colas” que salían a prolongarse en las aceras, con sombrilla o sin ella, madres con sus hijos pequeños o su bebé en brazos, personas mayores en sillas de ruedas o auxiliadas por el bastón, esposos y esposas, vecinos y nuevas amistades departieron de buen humor, en esperas que se alargaron a hora, hora y pico o más, el momento de depositar el sufragio. Un paisaje de fiesta familiar.
—Es el fruto, pienso yo, de gente informada y decidida. Convencida de que la rendición de un testimonio de civismo es una oportunidad que se presta sola para el buen humor, la satisfacción y la alegría. Era un concurso de rostros sonrientes, de sonrisas de mutua felicitación por verse, por encontrarse en una misión personal y colectiva indeclinable y al mismo tiempo imbatible por el soborno, la coacción y demás armas de la imposición.
—Como oro en polvo hay que cuidar y estimular esa conciencia y esa voluntad, sin duda nutridas por la palabra y el ejemplo de la veintena de agrupaciones del sector privado que defendió y promovió los valores cívicos antes de la campaña electoral y durante su desarrollo.
—El espíritu que animó ese comportamiento ciudadano al cien por ciento ha permitido que el ayuntamiento de Mérida, sin estridencias ni alborotos, empiece a regresar a la trayectoria encomiable que inició a principios de los años noventa, cuando, expulsado el PRI del mando del cabildo, la comuna meridana se convirtió en faro que orientaba a los demás municipios hacia el respeto a la ley, el trabajo fértil y la satisfacción de los intereses legítimos del pueblo.
—Vemos claro que esa veintena de instituciones debe insistir en su vigilancia cotidiana de las nuevas autoridades del estado, sobre todo por su parentesco umbilical con la administración fatal que las precede y las ha impuesto. Es urgente esa insistencia para impedir que el pantano en que nos ha hundido el gobierno de Ivonne Ortega Pacheco avance en extensión y profundidad hasta hacer irredimible, quién sabe por cuántos años, la hipoteca económica y social que es la herencia que nos deja.
—Sí, hay que ayudar al equipo que preside Rolando Zapata a que no se aparte del buen camino, pero creo, Vittorio, que reviste tanta o más importancia estar pendiente de lo que haga o deje de hacer cada día el nuevo ayuntamiento de esta capital. Seguirlo de cerca, acompañarlo con nuestros juicios y críticas es el modo más eficaz de asegurarnos de que la semilla que han plantado los sanos propósitos de campaña electoral florezcan y fructifiquen en un gobierno que por su ejercicio honrado y eficiente de la función pública sea el ejemplo de progreso con dignidad que está reclamando Yucatán.— Mérida, 6 de julio de 2012.

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