Los Leones fallan otra vez en lo básico del béisbol

Si se pierde un partido que se pudo, o se debió haber ganado, siempre quedará un sentimiento de frustración.

Eso se palpó en los miles de aficionados que se quedaron en la primera hora del viernes en sus asientos en el Parque Kukulcán y otro muchos más que, fieles, estuvieron en sus hogares frente al televisor. Pero los melenudos perdieron un partido que no supieron ganar.

Yucatán perdió ese encuentro 8-7, en una noche de dramatismo, de jugadas emocionantes, de buenos lances, y, también, notorios desaciertos de sus peloteros. Eso de tener el librito en la mano es básico para un mánager y sus cuerpo de coaches.

Veamos: en las primeras dos entradas, los Leones abrieron con hit. En la primera, lo hizo Rubén Sosa, pero los tres siguientes fueron dominados. En la segunda, Alberto Callaspo lo hizo y Sergio Contreras recibió base. ¿Qué seguía? ¿Tocar la bola, no?

Pues tampoco se hizo.

Mala fortuna el que hayan tocado bien, por fin, en la quinta, y no les funcionara. Sosa abrió con doble, Wálter Ibarra lo avanzó con toque, pero un gran lance de “Chispa” Gastélum en la intermedia detuvo un trueno de “Cacao“ Valdez que se iba al jardín, frenando además al corredor de tercera. Y allí quedó todo.

Las desatenciones pesaron. Y más las que se dieron en el final del duelo.

En la octava, Sosa, quien tuvo una gran noche con el madero, bateó sencillo, ya con dos fuera. Fue atrapado en intento de robo, pero el lanzador tiró mal y la pelota se coló al prado central. Sosa, empero, se lanzó a la conquista de la goma. No sabemos si fue con luz verde en el cajón de coach o por voluntad del propio dominicano, pero lo prendieron fácilmente en la goma, matando un posible rally.

Y en la novena, tras empatar de manera dramática, Sergio Contreras ancló en la intermedia, con Humberto Sosa en la inicial. Pero para mala fortuna de los de casa, el “Cuate” fue sorprendido en una violenta revirada del relevista Raúl Barrón y se diluyó otra amenaza.

Algo pasó. Como en la noche del miércoles, en que perdieron 2-1, los melenudos fallaron dos veces en el toque (Ibarra y Sebastián Valle), quizá por ello dejaron luz verde a sus bateadores en el arranque del partido.

E igual, fue notoria la desatención en las bases.

Al final, los Tigres, de los que Fernando Valenzuela dijo “se armaron para pelear el campeonato”, hicieron lo que los Leones no: estar atentos en todo momento para ganar un partido dramático, emocionante. Y se fueron con la serie a casa, mientras los Leones y sus miles de aficionados se fueron a dormir otra vez frustrados, entre desatenciones corriendo, desaciertos al no tocar la bola y no batear a la hora oportuna.

No es lo mismo dormir perdiendo que dormir ganando. Nos retiramos después de la 1 de la mañana del Kukulcán con ese sentimiento de frustración. No sólo por perder, que eso es algo normal en el deporte, sino por la forma.— Gaspar Silveira

 

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