Gilda González “La Paloma” y Miguel Castro “Miguelín”

 

Miguel Castro y Gilda González, a poner a Yucatán alto en las Vacadas de Morelia

Para eso de ser torero, se requiere algo más que intención. La vocación taurina es algo muy especial y quien se mete a ello, difícilmente puede salir.

Casos como los de Miguel Castro May y Gilda González Euán representan eso. No están en la tauromaquia por casualidad, ni llegarán al Certamen Nacional Vacadas de Oportunidad “Buscando un torero” pensando en ir a cumplir. Dicen los dos que a la Monumental de Morelia, el sábado, irán a dar el todo por el todo.

“Esto de los toros es algo que tengo en mente desde los cuatro años. Ha sido mi vida. Y quiero ser alguien en la Fiesta, no sólo de Yucatán, sino trascender”, comenta Miguel, cuyo apodo torero, “Miguelín”, quisiera que pronto sea conocido.

Y no se diga lo que tiene en mente Gilda González Euán, conocida en el medio como “La Paloma”. Ella antes intentó volar como bailarina de ballet, de jazz, y se come números y algoritmos mientras lleva la carrera de Ingeniería Electrónica en el ITM. “He toreado en algunos pueblos y créame que si estoy en esto, es nada más porque sí. Quiero algo más que sólo estar aquí intentando torear”, expresa la joven, poco antes de tirarse al morrillo de la carretilla. Con su corta estatura, trató una y otra vez de dejar el estoque en buen sitio.

Nadie les dijo en casa que sean toreros. En la de Miguel, por ejemplo, pensaron que tendría afición por el deporte ecuestre, por los caballos, quizá por torneos de lazo. “Pero no lo sacamos. Desde que le conoció el maestro Ventura (José Ventura papá) y comenzó a vivir de cerca, no pudimos quitarle esa afición. Escuchó consejos, le preguntaron una y otra vez si estaba dispuesto a vestirse de torero sabiendo que podría no volver ‘entero’, que podría irse en hombros triunfando o cargado con una lesión. Y mírelo”, dice su madre, Aracelly May Sánchez.

El sábado, harán el desfile de cuadrillas con otros cuatro aspirantes a novilleros: César Arévalo, de Guadalajara; Alfredo Loyo, de Tamaulipas; Arturo Alvarado, de Hidalgo, y Efraín Cabrera, de Ciudad de México, ante ejemplares de Pablo Moreno. “Es una oportunidad que tal vez sea única. Depende de ellos más de que nadie”, afirma José Buenaventura Chuc, Ventura Papá, quien con ha hecho de todo al frente de la Escuela Taurina de la CTM para sacar adelante a estos dos y a otros jóvenes que van contagiados “por ese virus llamado toro”.

Difícil sacarles eso de la cabeza. El sábado será una buena prueba, sin duda, en un escenario inmejorable.— Gaspar Silveira Malaver

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán