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Gaspar Silveira Malaver

Una y otra vez me pregunté en su momento: ¿a qué juega la Liga Mexicana con su decisión de jugar dos torneos en un año? Eso de echar al cesto lo vivido durante casi un siglo, era una locura.

Pero van de locura tras locura. Porque no puede llamársele de otra forma a lo que viene ahora.

Cuando caiga el último aut de este Campeonato de Otoño, quedarán en el tintero muchas cosas. Y volverá el béisbol a tratar de recuperar su terreno perdido, a medias en algunos casos.

Un torneo largo a partir de 2019, dividido en dos vueltas, arrancando en abril, cerrando en noviembre (choque clarísimo con la Liga Mexicana del Pacífico), jugando de miércoles a domingo (rompiendo un molde de hace décadas, con seis juegos semanales, por cinco ahora).

¿Se impuso la petición de los aficionados? ¿Los dueños cumplieron la petición o capricho de su presidente de intentarlo como en el soccer con su Apertura y Clausura y su Primavera y Otoño?

Lo único cierto en este momento es que por muchas cosas vividas, la Liga Mexicana perdió un partido importante ante un “rival” mucho más grande que lo esperado: el aficionado.

La temporada dividida en dos torneos le aplicó una paliza al juego-negocio. Los aficionados se fueron del estadio, incluso con los Leones coronándose. Al Kukulcán las asistencias fueron pobres comparadas con otras temporadas, cuando se pensó sería al revés. ¿Habrá sido la campeonitis? Te coronaste, se acabó la espera de 12 años, ya tengo lo que quería.

¿Y los récord?

Una de las grandezas de nuestro pasatiempo favorito es ese tema de las marcas a superarse. Y todo gira en torno a calendarios largos, de más de 100 encuentros (antaño, de hasta 150 o más). En 2018, dos torneos, dos equipos campeones, monarcas individuales en dos torneos, dos “MVP”.

Situaciones de esa circunstancia me llevaron a pensar lo que les dije al principio sobre el disparate ese de jugar dos torneos, al estilo del fútbol soccer.

Se resolvió en la cumbre de Monterrey regresar a lo anterior, a lo que le dio vida y salud al béisbol de verano.

Y faltó un tema que igual fue una controversia fuera de serie: el de los juegos y la televisión. Suponemos que van a seguir en Facebook y las órdenes de los contratos colectivos van a ir incluso por encima de los convenios que firman las empresas, como la yucateca que tuvo exclusividad con los Leones, y a final de cuentas le quitaron las transmisiones de los partidos más atractivos.

Habrá mucho dinero de por medio, claro está, en esto de los contratos. Pero ya perdieron los equipos toneladas de ingresos por la división de los torneos, y con lo de la batalla TV-Face, la derrota del béisbol fue en la empatía que debe existir entre el pasatiempo y el negocio, con todos contentos.

 

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