Foto: Megamedia

La tarde del “Pirata”

En el ruedo donde siete años antes estuvo a merced de un toro que casi le desbarata el cráneo y la vida, el hombre que desafió un infierno pudo salir triunfante.

Juan José Padilla puso fin a su trayectoria como matador de toros en España. Toreó por última vez vestido de luces en Zaragoza, donde en octubre de 2011 perdió un ojo al ser terriblemente corneado. Se pensó que podría morir y que no torearía nunca más. Nada de eso. Ayer se despidió de España y ahora emprenderá el viaje a México para su adiós definitivo. Y lo viviremos de cerca.

El “Pirata” del toreo, llamado así porque desde entonces usa un parche negro en el ojo derecho, se fue en hombros del coso de La Misericordia tras cortarle dos orejas al toro que cerró su actuación en la última fiesta del año, la Feria del Pilar. Igual José Mari Manzanares cortó dos apendices, pero no se fue en hombros porque cedió ese privilegio en solitario a quien se adueñó de la tarde zaragozana de la misma forma como se ganó el respeto de quienes denostaban al torero que sacrificaba una y otra vez la vida con una entrega que unió en torno suyo a seguidores y detractores.

Pocas veces visto lo de ayer. Padilla tomó un micrófono y se dirigió a la concurrencia y a los taurinos del mundo. “Aquí en esta plaza caí el 7 de octubre de 2011 y aquí me levanté gracias a la Virgen del Pilar”. Dijo muchas cosas más que resaltan el valor del ser humano hecho torero y del torero que, más humano que nunca, dignificó la profesión y la Fiesta.

Ahora le espera América y una de sus paradas en el adiós de su carrera será la Plaza Mérida, donde actuará el domingo 2 de diciembre con Uriel Moreno “El Zapata” y Gerardo Rivera.

Ah, y terminando la corrida de ayer, otro de los pilares de la tauromaquia de los años recientes, igual fue al centro del ruedo, en silencio, tomó un puñado de arena y la besó. Alejandro Talavante anunciaría minutos después su despedida indefinida de los ruedos.

Dos adioses muy sentidos. El corazón dicta mucho en los toreros. Padilla se va curtido a cornadas, pero fulgurante en vitalidad taurina, y Talavante, quizá cansado de pelear consigo mismo en ruta de la perfección.

Esta Fiesta siempre va adelante. Sus héroes así son.— Gaspar Silveira Malaver

 

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