El “Carlos Torre Repetto” y su legado sobre el tablero
Alberto Cámara Patrón (*)
Discurso pronunciado por el autor en la inauguración oficial del XXX Torneo Internacional “GM Carlos Torre Repetto, In Memóriam”
El ajedrez es un mundo diferente a cualquier deporte. A pesar de que es una competición con reglas establecidas, toda su actividad se desarrolla en la mente del jugador y por eso es extraordinariamente útil para ejercitar la inteligencia de quienes lo practican.
La humanidad del siglo XXI está entrando en una nueva etapa donde el conocimiento y la creatividad harán la diferencia entre las personas. Si nos asombra y espanta la enorme desigualdad económica del mundo de hoy, donde el uno por ciento de la población posee el ochenta ciento de la riqueza mundial, en las próximas décadas las innovaciones apoyadas en las nuevas tecnologías ampliarán esas diferencias, cambiarán radicalmente la manera de hacer negocios y, desde luego, las formas de vida. Las grandes fortunas tradicionales continuarán siendo desplazadas por las empresas tecnológicas y, tristemente, la enorme masa de la población atrapada en la ignorancia y la marginación del conocimiento deberá vivir a expensas de subsidios.
Mientras tanto, nuestra sociedad está muy divertida viendo como los jóvenes se han vuelto adictos a la fugacidad e inmediatez de sus pantallas, con muy pocos lugares para aprender a pensar. Nuestros niños van a las escuelas a darse un brochazo de vaguedades, a aprender fechas puntuales que no les dicen nada, a memorizar conceptos que no comprenden. Van a recibir certezas, cuando son las dudas las que llevan al conocimiento; no reciben estímulos para su curiosidad, sólo la calificación que premia el apego a un guión preestablecido.
¿Qué espacio le abrimos a un joven con inquietudes intelectuales, que intuye que lo que ve no es todo lo que existe? ¿Qué valor le damos, como sociedad, a la innovación, al conocimiento, a la sabiduría? ¿Quiénes son los héroes, los modelos de nuestros jóvenes? ¿Acaso no hay más que los ricos y famosos? La sociedad que hemos construido no es terreno fértil para la superación y por ello no debe sorprendernos que la mayoría opte por el populismo, aunque sea como revancha.
En el “Torre” promovemos el ajedrez porque el ajedrez es un espacio para aprender a pensar, es una isla para la reflexión. En una partida no hay movimiento que de antemano se dé por bueno; hay que pensarlo, hay que estudiarlo. No se piensa en una sola jugada, aquí cada paso es parte de una estrategia que se traza, se corrige y se rehace conforme avanza la partida. Es un espacio para la intuición, pero para la intuición acompañada de un análisis cuidadoso.
No es casual que gran parte de los jóvenes ajedrecistas opten por carreras científicas o muy ligadas a las matemáticas.
Son ellos una cantera de muchachos aptos para la investigación y la innovación y, como cada año, pedimos a las autoridades que redoblen esfuerzos para que en todas las escuelas de Yucatán se juegue el ajedrez.
Para eso organizamos el “Torre”: para que cada día haya más ajedrecistas en Yucatán y en México.
Para intentar que nuestra sociedad, nuestros gobernantes y todos nuestros líderes, comprendan que con un tablero, 32 piezas y una buena actitud, podemos contribuir en algo para que nuestra tierra sea un lugar mejor para vivir; que esa vida más digna, que ese cambio tan soñado y tan hablado, pero tan inasible y escurridizo, se acerque un poquito más a quienes vivirán después de nosotros.
En el “Torre revaloramos la vida que se vive en nuestras mentes, donde se libran las implacables batallas de una partida. Porque se vive en el pensamiento, se vive en la imaginación, se vive en los sueños, se vive en las fantasías, se vive en los poemas, en los relatos, en la música. Se vive en otro mundo, se vive de otra manera, pero se vive una vida intensa y gratificante que merece la pena.— Mérida, Yucatán
