En el mar hay calma. Los ejercicios previos a la prueba se hacen en plena concentración. Silencio. Déborah Andollo practica el pranayama para estar lista antes de someter a su cuerpo, a su vida, a una experiencia más al límite. Todo va según lo planeado.
Los deportes extremos son capaces de llevar al cuerpo humano a sus propios límites. Déborah, una de las mejores presentantes que ha tenido la apnea en los últimos años, ha vivido la experiencia de llegar al límite muchas veces. Muchísimas.
Conocí a Déborah el último día del año 2019 en Cozumel, donde reside desde hace varios años. Nos platica desde su casa en la isla en exclusiva para Diario de Yucatán acerca de algunas claves de este deporte y sus sensaciones.

¿Cómo es el comienzo de Déborah en apnea?
Comencé a nadar con 4 años en La Habana. De la natación pasé al nado sincronizado, selectivo que integré durante 10 años. Participé en competencias internacionales, regionales e intercontinentales ( Juegos centroamericanos y Panamericanos, Campeonatos Europeos, etc.). En algunos logré obtener medallas de oro, plata y bronce. Guardo muy gratos recuerdos de aquella etapa competitiva; el aprendizaje fue vasto. Conjugaba una vida llena de muchos sacrificios, pero con las mejores condiciones materiales. Los juegos panamericanos de la Habana 1991 fue mi último evento como nadadora sincronizada.
En 1992, un amigo instructor de buceo me invita como modelo en un campeonato internacional de fotografía submarina. Allí, me retó a bajar en apnea profunda. No tenía ni la menor idea si quiera de cómo compensar la máscara y los tímpanos.

Logré descender a 38 metros de profundidad. Fue una revelación para mí. Llegué a la superficie y alguien dijo: “acabas de lograr el récord nacional de Cuba en lastre constante (un de las varias modalidades de la apnea)”. No sabía si era bueno, mucho o poco, pero me fascinó hacerlo.
Nunca antes había practicado la apnea profunda, pero tenía muchas habilidades subacuáticas, un gran dominio del movimiento bajo el agua, buena condición física y todas las ganas del mundo de encontrar un pretexto que me permitiera estar en el agua la mayor parte del tiempo, no importaba cómo.
¿Te arrepientes de algo en tu vida de deportista?
Por supuesto que los deportistas también cometemos errores, especialmente en las etapas de preparación y en la decisión sobre estrategias competitivas. Siempre hay mucho por corregir.
Los errores son los mejores maestros; también en el deporte. De lo que no me arrepiento es de haber escogido una vida de atleta, de haber dedicado más de 25 años a dar lo mejor de mí cada día, en cada nadada, en cada brazada o en cada inmersión. Fue enorme el aprendizaje en todos los sentidos.
Después de una vida dedicada a la apnea, y 16 récords mundiales… ¿Te faltó algo por lograr?
Logré más de lo que pensaba que podía. Gracias a ello, aprendí una valiosa lección de vida: hay tanto poder y potencial dentro de cada ser humano, que cuando es bien explotado y bien conducido el alcance es inimaginable.
Tuve una carrera deportiva muy larga. Comencé muy joven y me retiré con 35 años y un bebé. Es decir, toda mi formación y desarrollo físico y mental fue a través del deporte. Con él descubrí que veces el pensamiento no está muy consciente de la potencialidad que habita dentro de uno, la magia sucede cuando logras ese despertar y consigues que el pensamiento y su infinito poder trabaje activamente para lograr las metas.
Es un proceso lento y trabajoso, pero muy revelador.
No creo haber contado con esa relación tan amigable y persuasiva entre mi pensamiento y mi capacidad física mientras fui nadadora; esos secretos y poderosos vínculos los descubrí a través de la apnea, el yoga, el pranayama y toda la magia revelada gracias a la fusión de tantos poderes.
¿Has pasado miedo en algún momento durante una competición?
La apnea profunda es un deporte extremo y de alto riesgos. Se vuelve costoso, porque justamente toca invertir en la seguridad subacuática para —de alguna manera— garantizar la vida en caso de accidente. En mi país los deportistas son muy cuidados por el gobierno; cuando eres un atleta con buenos resultados, consigues todo el soporte económico, logístico, científico y médico, y ello me ayudo a concentrarme en otros detalles no menos importantes: la preparación general y la específica.
Hay dos accidente clásicos que ponen en riesgo el desarrollo de la ejecución en la apnea: la samba o pérdidas de control psicomotor y el síncope o blackout. Ambos están asociados al déficit de los niveles de oxígeno en sangre.
La fisiología de la apnea , teóricamente hablando ,es una cuestión de adaptabilidad del organismo humano a los bajos niveles de oxigeno ( hipoxia) y los altos niveles de CO2 (hipercapnia). En ello se basa el entrenamiento de la apnea, crear adaptabilidad a la hipoxia e hipercapnia y “educar” al cerebro para que los reconozca como estados normales y “sufribles”.
Suena fácil, pero no lo es, por ello recurrimos a varias técnicas y prácticas de ayuda (yoga-pranayama).
Paralelamente desarrollamos programas de preparación física bastantes exigentes, porque lo más importante es que el estado de salud sea óptimo y eficiente. Considerando que la sangre circulante es la encargada de llevar y traer el Oxígeno y el CO2, estar sano físicamente y con altos índices de preparación física y mental representa el mejor seguro de vida. La presencia física de buzos aseguradores, profesionales y especializados en técnicas de rescate y reanimación en caso de accidente completa la seguridad.
En una ocasión, un síncope me impidió lograr uno de mis récords. Mis buzos aseguradores permitieron que regresara a la superficie en 18 segundos, inconsciente, pero con vida. Me reanimaron e impidieron el anegamiento de las vías aéreas. Lo más temido.
¿Cómo te defines como deportista profesional?
Mi etapa de nadadora sincronizada me consideraba amateur, a pesar de que lo único que hacía en mi vida era entrenar y estudiar en la Universidad. Como nadadora de alto rendimiento contaba con los apoyos económicos suficientemente solventes que cubrían mis necesidades en este aspecto, una de las bondades del país donde nací, estudié y crecí.
Como apneísta, sobreviví los primeros tres años; el resto del tiempo pude lograr excelentes patrocinadores, que me apoyaban para que mi vida solo estuviera dedicada a entrenar, estudiar y hacer todos los récords posibles.
Pude incursionar en entrenamientos más profundos y peligrosos para el organismo y aprender nuevas técnicas y sistema de entrenamientos.
¿Se puede vivir del freediving?
Yo viví de la apnea muchos años. Depende de los patrocinadores y tipo de contratos que se logren.
¿Quiénes fueron tus máximas rivales y tus espejos en los que reflejarte?
Me mantuve en la palestra competitiva sin rivales durante cuatro años; batallaba con mis propios récords. Cada año anunciaba mis nuevos tentativos de récords, basada en las cifras que yo misma establecía en años anteriores. Entre 1994 y 1999, logré hacer todos los récords en las cuatro modalidades competitivas de la apnea profunda.

En el 2000 aparece una nueva rival, Tanya Streeter, y luchamos dos años. En 2002 aparece Audrey Mestre, otra nueva rival quien no regresó con vida después de intentar los 160 metros.
En mis inicios como apneísta (en 1992), la película Azul Profundo cautivada con esta historia maravillosa y sus personajes icónicos: Jacques Mayol y Enzo Maiorca; sospecho que ambos fueron mis primeros inspiradores.
Luego conocí a Pipin y Umberto Pellizari, quienes me apoyaron al principio.
En mis inicios, la apnea femenina tenia muy poca presencia; me tocó romper un primer récord mundial, de una exatleta italiana , Roxana Marioca. Dicha marca se mantuvo intocable por más de 10 años.
¿Has practicado la apnea en cenotes?
En Playa del Carmen hice algunas inmersiones en cenotes, pero no logró atrapar mi interés. La sensación que tengo en el mar es mística.
¿Cuál fue tu última competencia, Déborah?
Mi ultima competencia fue en Italia, Isolla Giglio, en el 2002.Desde entonces dedico mi tiempo a escribir manuales de enseñanza para la práctica de la apnea, la pranayama. Nado en el mar, aguas abiertas , hago apnea solo eventualmente.
Con la apnea también llegó el amor hace 24 años…
Durante muchos años, la base de mis entrenamientos, era el Hotel Colony, en la isla de la Juventud, Cuba. El hotel albergaba al famosísimo Centro de buceo Punta Francés, reconocido como uno de los mejores destinos para el buceo, en Latinoamérica, y uno entre los 10 mejores del mundo.
Eric, mi esposo, es luxemburgués, instructor de buceo y visitaba este afamado sitio para el buceo .

Fue un flechazo rápido y fulminante. Le invité a mis entrenamientos y luego a uno de mis récords, y se quedó para siempre. Trabajaba como banquero en una de las sucursales bancarias luxemburguesas. Dejo todo; vino a Cuba conmigo; dedicó un año sabático solo para apoyarme en mis entrenamientos, para conocernos y amarnos; su apoyo fue determinante para mi desarrollo como deportista.
Desde entonces han pasado 24 años; es el padre de mis hijos y el hombre con el que comparto toda mi vida. Hemos vivido juntos en la Habana durante 16 años.
Ambos somos muy marinos; vivir cerca del mar, y si se puede, dentro de el es nuestra obsesión. Durante muchos años visitábamos Cozumel; veníamos a bucear, de fin de semana; cuando conocí esta preciosa isla en el 2004 le dije: éste es el único lugar que me sacaría de La Habana. Y así sucedió. En el 2011, decidimos probar fortuna en Cozumel. Desde entonces, la isla es nuestra guarida
Deborah, ¿por qué Cozumel?
Cozumel, es una isla muy marina, pacífica y lejana, pequeña y misteriosa. Acá somos muy calmados y cautelosos; la vida es simple y armónica y eso es lo que buscamos.
Una última pregunta, Déborah, ¿cómo es un día en tu vida?
He trabajado siete años, dirigiendo el deporte en la isla; me agradó hacerlo, fue honorable y reconfortante tener la posibilidad de aportar mi granito de arena. Me alejé de estas labores para dedicarle tiempo a mi hija más chica.
Soy deportista hasta la ultima célula y nadar se convirtió en mi pasión; lo hago cada día en el mar, en aguas abiertas, adoro la libertad de este mar, sus colores, la paz y la nitidez de sus aguas. Alterno natación en aguas abiertas con gimnasio, pesas, nadar, Hatha Yoga y correr. Un nuevo proyecto se está gestando, pero te lo contare cuando esté más crecidito…
Fue la noche de Año Nuevo cuando tuve la oportunidad de conocerla. Dos de las primeras cosas que me dijeron de Déborah Andollo antes de conocerla esa noche fue: es y ha sido una gran deportista, de primer nivel, y su alegría cubana se ve a kilómetros de distancia. Creo que no hay mejor descripción que esa.— Javier Caballero Lendínez

