Para muchos aficionados al béisbol, recordar el campeonato de los Leones de Yucatán en 1984 únicamente será traer a la memoria jugadores como Pedro Bazán, Dominic Fucci, Fernando Villaescusa, Géner Rivero, Blas Santana, Ricardo Guerra, Ray Torres y Arturo Defreites, la alineación campeona, pero para quienes vivieron intensamente esa temporada es necesario incluir muchísimos detalles que hicieron inolvidable esa campaña.
Todo comenzó bien pues los Leones obtuvieron la opción de escoger primero en el draft de jugadores de la Academia de Pastejé y seleccionaron a Cornelio García, que era el alumno más aventajado de la generación. La gerencia del club decidió utilizar un lema para esta temporada: “Un paso más y llegamos” e incluso organizó un concurso para tema musical del club, que ganó Jorge Carlos Castro, de acuerdo con apuntes de vivencias que nos escribió el maestro Jaime Serrano Pedrero, recordando la que ha sido una de las grandes historias que ha tenido el deporte yucateco.
Quizá por la gran inversión realizada la temporada anterior, su propietario, Romeo Magaña Carrillo, decidió dar oportunidad a muchos jóvenes y se vio en la alineación al inicio, sumamente diferente a la que fue campeona: Alfredo “Patón” Aceves en primera, José Luis “Mapache” Muñoz en segunda, Fernando Villaescusa en el campo corto, Blas Santana en tercera, en los jardines estaban Leo Figueroa (vino por Carlos “Chaflán” López), DeFreites y Guadalupe “Bronquito” Leal.
El pitcheo abridor estaba formado por Rolando Menéndez, Gilberto Rondón, Guadalupe Salinas y Ernie Villalobos. Había suplentes como los yucatecos Jorge Navarrete, el “Morito”, y Juan Carlos Uribe en pitcheo; Juan Carlos León en el cuadro y José Peraza Canul, como receptor.
Desgraciadamente Menéndez, Rondón y otros jugadores ya eran cartuchos quemados. En la primera vuelta fueron más los partidos que se perdían que los que se ganaban. Se incluyeron en el pitcheo relevistas como Ray Salcido, Ricardo Villarreal y llegó a mitad de esa primera vuelta un pítcher de cabello rizado: Kennet Angulo.
Desgraciadamente el equipo ya estaba desangelado, los cambios no funcionaban y Angulo no carburaba.
Recuerdo la última serie de la primera vuelta, ya que nunca más que antes estaba por cumplirse el lema del equipo: “Un Paso Más y Llegamos”. Pero al sótano. Si los Leones perdían el último partido en contra de los Piratas en Campeche amanecerían en el sótano en la segunda vuelta. Y nos fuimos a Campeche a apoyarlos, con una afición muy hostil.
Con el tercer out de ese partido pude observar lágrimas en los ojos de Carlos Paz al regresar al dogaut. Estábamos en el sótano.
Inició la segunda vuelta con unos Leones en el sótano. Pero don Romeo Magaña no se desesperó. En cualquier otro equipo hubieran corrido al mánager, pero se decidió la continuidad. Y sucedieron una serie de hechos que cambiaron totalmente la historia de esta temporada.
Una, la más importante en lo deportivo, fue como un talismán… ¿o simplemente suerte? Nos referimos a las llegadas de Freddie Arroyo, un pítcher con experiencia en Grandes Ligas, y la de Ray Torres, quien no solo guió a los Leones ese año sino que se convirtió en el último gran ídolo de las fieras.
La estrella de la suerte ya brillaba a favor de los Leones en esos días, se dio el retorno de un jugador que la afición reclamaba a gritos, el pundoroso Pedro Bazán.
La segunda circunstancia fue la gran decisión del dueño, de llevarles a los jugadores a un psicólogo de nombre Víctor Castillo Vales.
“Romeo tuvo la certeza de ponernos a un psicólogo. Fue una herramienta muy valiosa y luego de platicar con él, el equipo fue otro. Nos habló tan chin… y abierto, que las ganas de afrontar las cosas de otra manera”, narra Juan Carlos León, originario de Maxcanú, quien ese año fue un suplente clave en el cuadro de la organización melenudo. “Nos entró una motivación especial. Entonces los peloteros nos miramos a la cara, de frente. Nos entró sinceridad para decirnos las cosas. Nacieron unas ganas especiales de llegar al campo, hasta perdiendo te motivaba, porque, si pierdes, salíamos con un ‘vamos… a la próxima’. No nos quedábamos viendo el error del compañero. Hasta el masajista (Ángel González) o el batboy, Arturito Martínez… Fue un impresionante cambio”, relata León.
Aún recuerdo cuando después de perder muchos partidos sin ganar uno solo la forma en que un desaparecido rotativo publicó con letras grandes y a toda plana: “Increíble, Angulo blanquea”.
No solo blanqueó Angulo a los Cafeteros de Córdoba, sino que se convertiría en puntal del pitcheo.
Y siguieron llegando jugadores al club. Un lanzador con números perdedores en la Zona Norte resurgió como el Ave Fénix con los melenudos: Ernesto Escárrega”, relata el profesor Serrano Pedrero.
Finalmente los Leones clasificarían dramáticamente en cuarto lugar, dejando fuera a los Cafeteros. Por la posición nos tocó jugar en contra del líder general, los Diablos Rojos de “Cananea” Reyes, un trabuco.
Y pasó algo que nunca nadie imaginó: los Leones dejaron fuera al favorito en cuatro partidos. Se dijeron muchas cosas que nunca se comprobaron: que los que manejaban las apuestas en Ciudad de México compraron jugadores de los Diablos, que al expulsar en el primer partido al abridor de los pingos se desmoronaron psicológicamente. He pensado siempre que fue por méritos propios.
En el cuarto partido nació el canto “Pobres Diablos, Pobres Diablos”. “Ese día estaba tan feliz don Isidro Ávila Villacís que me dijo: ‘Junta a tu porra y te saco una foto en el Diario’”.
En la foto aparezco tocando una tambora junto con otros aficionados que nos sentábamos por la tercera base. La foto se publicó en interiores junto a una entrevista a Zacarías Auais.
La final del Sur la jugaron con unos Tigres de México que tenían en sus filas a excelentes jugadores, incluidas sus “panteras negras” y en el pitcheo al gran “Chito” Ríos y a Matías Carrillo.
“Perdimos los dos primeros juegos en México, pero en el Kukulcán los Leones ganaron los tres, incluido un juegazo que se ganó por squeezeplay”, añade.
Se recuerda una dura jugada en jom cuando Pedro Bazán lo defendió a capa y espada saliendo lesionado por una barrida bestial de Matías Carrillo.
En el Parque del Seguro Social perdieron el sexto para que se empate, pero se coronaron campeones.
Ahora sí, “Un paso más y llegamos”. Llegaron a Mérida los Indios de Ciudad Juárez. Y aunque no tan emocionante como las dos series anteriores los Leones, en un sexto partido se coronarían campeones por segunda vez en su historia.
Lloviznó en gran parte del juego y nuestro talismán, Freddie Arroyo, pitcheó de forma magistral en toda la ruta y por la “vía de la vergüenza” cayó el ultimo aut, la famosa vía del 1 al 3 (rodado al pitcher).
“Y nuevamente corrieron lágrimas en el rostro de Carlos Paz, pero esta vez no estando solo. Existe un testimonio fotográfico de tan emotivo momento, que el Diario publicó en aquella ocasión: la imagen de un emocionado Romeo Magaña fundido en un abrazo con el mánager Carlos Paz.
“Estoy seguro que todos estos acontecimientos hicieron que esta fuera una campaña inolvidable”, dijo.
La doctora Victoria Núñez Zapata, conocida como “Paloma”, detalla momentos “que hicieron vibrar a todo Yucatán”.
“Fue una temporada increíble. Se conjugaron factores. Y lo recordamos por siempre. La coronación, el desfile, todo”, comentó.
El 26 de agosto de 1984 pusieron fin los Leones a esa épica campaña que comenzó camino al cadalso y ahora es recordada como uno de los máximos acontecimientos en la historia de la entidad.— GASPAR SILVEIRA MALAVER
