Injustos con un beisbolista justo
Cuando arrancó la temporada de 1961 y los Yanquis tenían en sus filas a Mickey Mantle y Roger Maris, el mundo del béisbol creía que era hora, más que nunca, de que se rompiera el récord de jonrones en una temporada que Babe Ruth había logrado desde 1927.
Maris fue el que pudo romper la marca legendaria de todos los tiempos. Pero lejos de vivir una sensación de alegría, fue como si hubiese estado en medio de una depresión, como enemigo público de quienes tenían a la marca de Ruth como irrompible… o no digna de que un pelotero de poca fama pudiera hacerse dueño de la nueva marca.
Mantle era el ídolo, el pelotero que marcaba todas las características que Ruth tuvo: bonachón, dicharachero, parrandero y mujeriego también. Irreverente como el “Bambino” y pelotero de facultades naturales increíbles que le habían llevado a ser el sucesor natural de otra leyenda, Joe DiMaggio.
En 1960 llegó Roger Maris a los Yanquis procedente de los Atléticos de Kansas City. Jugador de talento, pero de poco alcance mediático. Y eso en Nueva York era algo más que poca cosa.
Maris era el polo opuesto. Hombre de familia humilde, hogareño, padre responsable y de una sola mujer.
En 1960, Maris fue el Jugador Más Valioso, pero los fanáticos de los Yanquis seguían siendo adoradores de Mantle. El “Mick” era el “Mick”. En un reportaje que “Sports Illustrated” publicó en los años 90, en el que hablaba de su alcoholismo, Mantle confesó muchas cosas que opacaron su trayectoria, que, de no ser por su mala vida, pudieron llevarle quizá a romper cualquier cantidad de récords, no sólo lo de aquella temporada de 1961. En el Diario en su momento publicamos en varias entregas ese reporte especial, que impactaba por la forma en que Mickey Mantle daba cuenta de su vida.
Conforme avanzaba la temporada, Mantle y Maris iban en competencia de jonrones. Y a Mantle le celebraban todo, a Maris le criticaban y hasta ofendían a donde quiera que fuera.
Él solo quería jugar béisbol y entregarse. Pero ya no le dejaban hacerlo, cuentan periódicos de la época. En la película “Roger Maris 61”, que se puede encontrar en internet, se narra esa vivencia. Cine, sí, totalmente cierto, pero las publicaciones de esos años hacen referencia del calvario vivido por el que luego fue señalado como uno de los peloteros más humildes que jamás haya jugado en Grandes Ligas.
Sin piedad, él no tenía ni idea que romper el récord de jonrones provocaría una revolución entre los periodistas. Ford Frick, periodista y comisionado de béisbol, un enfermo seguidor de Ruth, en unas 20 columnas insistió en que Maris tenía que romper la marca en 154 juegos, no en 162. Cuando la quebró en ocho partidos más tarde ordenó ponerle un asterisco.
Incluso, a todas luces era conocido que DiMaggio también tenía animadversión sobre Maris.
Dos puntos tomamos de un reporte de Bienvenido Rojas en “Diario Libre”. Uno señala: “Jimmy Cannon, periodista y amigo de tragos de Joe DiMaggio, no tuvo misericordia con Maris. Su primera columna, luego del jonrón 61 la tituló: “El Llorón”, en la que señaló que “Maris no es Ruth, no es Ruth, ni DiMaggio. Tampoco es Mantle. Su conducta fuera del terreno es imperdonable”. La diferencia era el tipo de conductas: una buena, de persona humilde, y la otra, lo contrario.
Durante toda la temporada, Maris sufrió, pero siempre se portó como un caballero, lejos de la conducta de Mantle. La cinta sobre la temporada muestra escenas en que los aficionados incluso mandaban cartas amenazando de muerte al número 9 de los Yanquis.
Y llegó el día: el 1 de octubre de 1961, con Mantle en la banca por una lesión, los Yanquis y los Medias Rojas se enfrentaron en el Yankee Stadium en el último juego de la temporada, y en las gradas apenas pagaron 23,154 aficionados. Mantle se quedó con 54 jonrones.
Maris, en su segundo turno contra los pitcheos de Tracy Stallard, mandó la pelota tras la barda del jardín derecho, para convertirse en el primero en disparar 61 jonrones, récord vigente en la Americana hasta 1998. Pero con el asterisco que el comisionado le colocó.
La reacción de Maris motivó que antes de igualar y luego de romper el récord de Ruth, no diera entrevistas, y eso enfureció y elevó el tono de las críticas de “The New York Times”, y en un editorial precisó que “Maris se esconde con su mal humor en el cuarto de los entrenadores” y lo consideró un arrogante y mal agradecido, de acuerdo con Rojas.
Cuando llegó marzo en el campo de entrenamientos en 1962 entregó la nota siguiente: “Ya me cansé de ser una buena persona. No vale la pena. El mundo no está hecho de cortesía. Tengo una nueva política: No entrevistas. El otoño pasado no le di a nadie una razón para tratarme de la manera que lo hicieron y me maltrataron como sea, ahora les daré una razón”. Con esa nota fue que los periodistas se enfurecieron y no le perdonaban que fallara un swing.
Cuando Mark McGwire rompió la marca de Maris en 1998, los hijos de Maris estuvieron en el Busch Stadium de San Luis mirando la proeza de un pelotero que, años más tarde, fue repudiado por haber logrado récords usando esteroides. Lo mismo que Sammy Sosa en ese mismo año, y luego por Barry Bonds, el dueño de la actual marca con 73. Como hablar de que a los villanos les va bien y…
Pero Maris vivió el resto de sus días con el peso de haber roto el récord de uno de los símbolos eternos del béisbol, Ruth. Un hombre que trató de ser justo en su conducta, pero que terminó siendo tratado injustamente.
El asterisco fue retirado años después del récord. Y Maris tiene una placa de mención en el Salón de la Fama en Cooperstown, pero no un nicho como Ruth y Mantle.
En “Monument Park”, donde los Yanquis honran a sus grandes estrellas, una placa homenajea a Roger Eungene Maris. Pude verla en el año 2017 y me emocionó tanto o más que la de Mantle. Por su humildad al servicio del béisbol, por encima de todas las cosas.— Gaspar Silveira Malaver
