Mujer pionera en un mundo lleno de varones
El toreo está de luto.
El domingo pasado falleció en Querétaro, a los 85 años de edad, Juanita Aparicio, una personalidad de los pies a la cabeza, cuya vida estuvo entregada totalmente a la liturgia que es la fiesta de los toros. Aunque el mundo de la tauromaquia sigue siendo desarrollado en su mayoría por varones, en la época en la que Juana Aparicio Castro quiso ser torera, la vida para las mujeres era aún más complicada, y contra ello tuvo que luchar.
Nació en Monterrey el 27 de enero de 1935, hija del novillero y charro Paco Aparicio, que llegó a torear en España, y de Eva Castro. Ese contacto con la Fiesta, los lienzos, los caballos y el ganado fue lo que, años más tarde, detonó su afición taurina cuando ya vivía en la capital, a donde sus padres se habían trasladado siendo ella muy pequeña.
Cuando tenía 11 años se puso por primera vez delante de una becerra, y gracias a los consejos y enseñanzas de su padre, emprendió un difícil camino en una época en que el influjo de Conchita Cintrón había causado una profunda huella entre los aficionados. Debutó el 11 de marzo de 1951, en el Rancho del Charro de Ciudad de México, que por entonces estaba ubicado en las calles de Schiller, en Polanco. Ahí tuvo ocasión de compartir escenario con el maestro Carlos Arruza durante un festival. Esa tarde cortó un rabo y fue tal la emoción que sintió, que ya no pudo dejar de lado esa pasión que sentía.
Aunque al comienzo de su carrera también alternaba la charrería con las actuaciones vestida de charro y toreando a pie, unafractura de columna vertebral le restó capacidad para montar a caballo durante un extenso período de tiempo. Sin embargo, una vez recuperada de dicho percance, continuó con su carrera como novillera, en la que obtuvo muchos éxitos en plazas de provincia.
Con un total de 45 festejos en su haber, se presentó en la Plaza México el 13 de septiembre de 1953, tarde en la que actuó por delante en la lidia de dos becerros de Santa Marta, en un cartel compuesto por los novilleros Carlos Montes y Honorio Rivera. En esa Temporada Chica repitió el domingo 27 del mismo mes. Lidió sendos becerros de Cerro Gordo, cortó una oreja, y actuó por delante de los novilleros Carlos Cruz Portugal, Rubén Salazar y Javier Maceira, que enfrentaron reses de La Laguna.
Más allá de México
De las actuaciones que tuvo en el coso de Insurgentes se recuerda la del 26 de junio de 1955, en que estoqueó un becerro de La Laguna, por delante de los novilleros Rubén Aviña, Juan Guajardo y Pedro de la Serna. Se le recuerdan varias apariciones vestida a la usanza charra para torear en la Plaza Mérida en sus mejores años.
Su buen quehacer taurino trascendió las fronteras del país, y también la contrataron para torear en varias plazas de Sudamérica. Destacó en una actuación en el Nuevo Circo de Caracas venezolano, donde alternó con la norteamericana Patricia McCormick.
Al cabo de algunas trabas para torear, por el hecho de ser mujer, tomó la decisión de retirarse, hecho que ocurrió en “El Toreo” de Cuatro Caminos. Tras un par de años decidió reaparecer, cuando ya tenía 25 años, para retirarse definitivamente el 12 de noviembre de 1959 en la plaza de León.
Una vez retirada, se casó con José Manuel Álvarez, con el que procreó cuatro hijos: José Manuel, Juan Antonio, Francisco y Alejandra. Su relevancia dentro del toreo femenino mexicano quedó patente al bautizar la plaza de toros de San José del Valle con su nombre, en recuerdo de la actuación que protagonizó en dicha localidad del estado de Nayarit.
Juanita Aparicio era tía del matador Mariano Ramos. El torero charro de La Viga, que compartió aficiones con ella, se sentía muy orgulloso del paso de su tía por los ruedos, ya que siempre hacía mención de ella, y también de su tío Paco, cuando se le preguntaba por sus antecedentes taurinos.
En los últimos años vivía en la colonia Tejeda de Querétaro, y había mostrado interés en colaborar con el Centro Taurino Queretano.
