Jacinto Martínez y sus recuerdos de Conchita Cintrón
Amigos aficionados…
El INE del “Tío Mulix” asienta que nació el 1 de enero de 1924, pero en su familia saben que Jacinto Martínez Fajardo rebasa una centuria de vida en la que, la fiesta de los toros, tiene un apartado especial.
No hay como que lo vieran personalmente: más claro y sano que muchos que tenemos menos edad. Pero lo que más sorprende es que su recuerdo de Conchita Cintrón, la famosa “diosa rubia” del rejoneo, le tiene reservado un lugar privilegiado en los recuerdos.
También a “Manolete”, “El Cordobés”, Carlos Arruza, Luis Procuna, Paco Camino, los “Armillita”, los Silveti y otras grandes figuras del toreo a los que vio siendo niño, así como a otros que, en los tiempos más reciente, pudo disfrutar como aficionado.
“Conchita me dejaba sus caballos y yo los llevaba a caminar, para que se suelten y tranquilicen. Antes de la corrida lo hacía”, recuerda don Jacinto, parte de una familia dedicada a las labores de matarifes en el desaparecido rastro que estaba por el barrio bravo de San Sebastián. De allá le viene, en parte, esa afición que, pasadas largas décadas, mantiene intacta, dentro de sus posibilidades. Viviendo el décimo “escalón”, todavía maneja su auto, fuma sus cigarros, puede beberse unas frías y espumosas y no falla el café, lo mismo que sale a las compras y platica con los vecinos y vecinas, claro, de la zona céntrica de la iglesia de San Martín de Porres.
Pero, de forma especial, no pierde ocasión de sentarse a ver en la televisión cualquier corrida que transmitan en vivo o en repeticiones. Le obsequiamos una edición del libro “Legado de la fiesta en Yucatán”, presentado en meses pasados, y de solo verlo, sus ojos se le iluminaron. Repasó algunas de las páginas, mirando a toreros de su época, recordando a varios, especialmente cuando el señalamos a Conchita Cintrón. “Me pagaba veinte pesos después de la corrida, por caminar a sus caballos”, dice. Ese recuerdo le ha contado varias veces a su nieto Diego Cabrera Martínez, presente con su madre, Mayté Martínez Euán, durante una charla reciente.
Tío sanguíneo de una leyenda del boxeo, Freddie “Chato” Castillo (sus apellidos reales eran Martínez Castillo), y de Augusto “Cuxo” Martínez, que jugó béisbol, conoció a los toreros de pueblo en sus andanzas por las ferias de los barrios de Santiago, San Sebastián y otros sitios, como Molas, donde las fiestas patronales eran una pasión.
Una foto que conserva, entre muchos recuerdos que tienen sus hijos, le muestra recibiendo un autógrafo de Diego Puerta, una de las grandes figuras a las que vio en la Plaza Mérida, donde también fue inspector de callejón, igual que en el Circo Teatro Yucateco, pero su favorita no la cambia: Conchita Cintrón. Lo dice una y otra vez en la plática. Una vida privilegiada la del “Tío Mulix”. El toreo, no hay duda, tiene personajes grandes.
