Foto: Megamedia

La Fiesta vuelve en una tarde que siempre inspira

Fue un privilegio volver a la Plaza Mérida y dar testimonio del estado de gracia intacto de la tradición taurina, tras casi dos años de ausencia obligada. Nuestro mayor reconocimiento a la afición yucateca por su presencia en la totalidad del aforo permitido. Aquello parecía una respuesta clara y rotunda a las posturas adversas al derecho a ejercer en libertad la ancestral liturgia taurómaca que, contra tiros y troyanos, prevalece íntegra en nuestros usos y costumbres de aficionados a los toros.

La tarde ofreció variados motivos a la emoción contenida: dos toros de Zacatepec y cinco de San Marcos (el séptimo de regalo) bravos en general, con edad reglamentaria y acaso alguno justo de presencia, como resabios de las grandes dificultades que los ganaderos de bravo han vivido en estos largos meses de pandemia.

Emocionaron al respetable las actuaciones de los tres rejoneadores que se presentaban en el coso de Reforma; Andrés Rozo, de Colombia, quien con alegría contagiosa, brindó al nuevo año su incuestionable disposición de triunfo, como también lo hizo Luis Pimentel que, del sitio y temple en su primero, pasó a la exposición y arrebato en su segundo, y el joven Fauro Aloi, que hizo gala de su buen gusto y reposo, gobernando el ruedo y a sus jacas toreras con afanes de alta escuela que muchas satisfacciones le irán a deparar en este año de la vuelta al corazón taurino de Yucatán. Fue una pena que, tras las fallas en la suerte suprema de parte de los tres caballeros en plaza, la reseña se limite a palmas en su primero, vuelta al ruedo en su segundo y palmas en el de regalo por parte de Andrés Rozo, sendas vueltas de Luis Pimentel y las dos vueltas al redondel de Fauro Aloi.

Momentos especiales

En la parte complementaria de la tarde, vivimos la entrega épica del grupo de Forcados de Puebla, que consumaron dos pegas al segundo y tercer astado de la tarde, pletóricas de valor, aguante y determinación, de parte de los Forcados de cara Jesús Tejeda y Ricardo Aguilar, respectivamente.

Un pasaje de afición incontenible y torería de la tierra lo brindó quien salió de sobresaliente, el pinturero y bullidor, amén de valiente Ángel Lizama “El Papo”, que fue jaleado por su propia gente en su propia plaza, en distintos y emotivos quites que le permitieron saludar montera en mano. En otras dos ocasiones, el segundo sobresaliente de la tierra, Miguel Castro, también se llevó a casa las primeras ovaciones de la afición que lo harán soñar despierto.

Al finalizar el paseíllo, se entregó un reconocimiento por su trayectoria a Rodrigo Santos y para el recuerdo cabría anotar la certeza y equilibrio en las decisiones que tomó el Juez de Plaza Ulises Zapata.

Con el marco de referencia emocional del regreso de una fiesta de toros pletórica de vida en el corazón de Yucatán, se abre el paréntesis de gran expectativa ante la anunciada corrida del XCIII aniversario de la Plaza de Toros Mérida, la casa grande de la afición peninsular, para la que deseamos un año nuevo con salud, emociones y taurinismo a prueba de cualquier adversidad.— ANTONIO RIVERA RODRÍGUEZ

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