¿Podrá reaparecer un torero menos de un mes después de recibir dos graves cornadas?

Si la respuesta es sí, lo tomamos como una locura.

Pero los toreros están hechos de otra pasta. No hay duda de ello.

André Lagravere vuelve a los ruedos. No es broma, lo hará 26 días después de un percance espantoso en el ruedo de Tecolotlán, Jalisco. Su reaparición será en la Plaza Mérida, en un cartel que, además, reviste importancia mayúscula porque será en una corrida de banderilleros, lo que implica que, si va a estar, tendrá que hacerlo lo más pegado al cien, o será duro tragarse la reacción de los aficionados que, como sea, querrán verlo en el segundo tercio.

Cosas de la vida. Cosas de los toros.

“Estaba considerado torear esa corrida desde antes de la cornada, pero ahora que se dio esto, pues es complicado, pero quiero torear, volver y qué mejor que en la Plaza Mérida”, dice el torero, durante una charla en el lanzamiento del cartel oficial de la siguiente tarde en el coso de Reforma. La cita es de sumo interés: abrirá Uriel Moreno “El Zapata”, un viejo lobo de mar en esto de las tardes de rehileteros, y le sigue Jesús Enrique Colombo, conocido y amigo de la familia Lagravere, un venezolano que igual tiene facilidad bárbara para clavar los palos.

Del 28 de febrero, en plenos carnavales en Jalisco, a estos días, ha vivido el torero una experiencia sin comparación. “Poco creíble pensar que, luego de las cornadas, pudiera estar recuperado, pero gracias a Dios, a quienes me ayudaron, a los médicos, aquí estamos. Es difícil claro, son nueve días apenas (del día del percance, a la fecha de la charla), pero queremos estar. Y para estar, se tienen que vivir cosas así”.

Y qué cosas: el percance llegó en una racha importante, como torero y como persona. Había puntuado en unas tardes de peso, enfrentando retos fuertes, como ir al exigente Nuevo Progreso de Guadalajara, codearse con figuras en la Plaza “La Luz” de León.

Así lo reconoce el torero durante una charla que dejamos ver completa en esta entrega de los “Domingos especiales en www.yucatan.com.mx”.

Dado el momento que pasabas, en buena racha como torero, ¿cómo sientes que haya llegado?

“Ese día es de los que te levantas con una intención de hacer las cosas bien, como con positivismo… Pero somos humanos y a veces el cuerpo no está igual. No todos los días conseguimos estar así. Hablé antes con mi hermano (el matador Michelito), era un día en que me sentía bien, estaba para torear a gusto, así comencé. Incluso los dos capotazos fueron muy buenos, para que al tercero… El toro hizo por mí. Fue impresionante. Peor eso ya pasó. Y no me hará ni mejor ni peor torero. Es parte de la circunstancia de esta profesión”.

Menos de 30 días ya está firmada la reaparición… ¿de qué están hechos los toreros?

“Es un tema interno, de uno mismo, mucho más profundo de lo que puede parecer. Que si es para ver si estás bien (la reaparición), que para ver si la gente esté contigo. Pueden ser circunstancias a favor, pero para más demostrar que si puedes. Y para torear así, importa estar recuperado para demostrarte a ti mismo que sí puedes. Pero eso está en la mente. Yo quería estar en la Mérida después de dos años y medio sin venir, desde mi alternativa. Y ya está firmado. Torearé”.

Y así señala el joven matador de toros. Algunos pretendieron saludarle de abrazo el día de la reaparición pública para presentar la corrida de la Mérida, pero no fue posible. Por todos lados hay dolores y en el cuerpo hay heridas también, con cicatrices que tienen que ser bien cuidadas. Pero con mente y alma en otro eslabón, dejando atrás lo amargo para centrarse en lo que viene.

Lagravere Peniche ya está incluso haciendo algo de toreo de salón. “Voy a ir sin forzar la marcha, de tal forma que las heridas puedan quedar bien”, dice en la conferencia de prensa. Y claro, la tarde para la que está anunciada lo vale.

“Es un cartel de mucha importancia, nuestra plaza, con dos matadores a los que admiro y respeto. Por eso, tengo que estar lo mejor posible porque merece la pena la tarde, como todas las que toreamos”.

Es, no hay duda, una lección de vida. Levantarse tan rápido de la cama (a los dos días) y recibir el alta tan pronto puede verse como una locura. Nos dice don Alberto Hagar González, un experimentado cinta negra de karate shototan, que, por ejemplo, una lesión de rotura de ligamentos, puede durar hasta seis meses para sanar al cien. Pero las cornadas de “ El Galo” fueron tan graves, como aparatosos los golpes al ser estrellado en la barrera. El parte médico habla de “cornada penetrante de tórax izquierdo. También tiene otra cornada en el muslo izquierdo, con orificio de entrada de 5 centímetros, a nivel del tercio medio, cara medial con 4 trayectorias”.

¿Bárbaro, no?

“Sí, se oye feo, está feo. Muy peligroso por donde se le mire. Y la recuperación, claro, deberá ser cuidadosa también porque pueden no cerrar las heridas y complicarlo todo”.

Hablas incluso de haber visto o imaginado a Iván Fandiño (torero español muerto por una cornada de tórax, similar en circunstancias a la suya)…

“No es que lo haya visto…. Pero me acuerdo de cuando estaba en el piso. En el momento que sentí que me metió el pitón, me acordé del maestro Fandiño. Es horrible la foto en que estoy junto a las tablas, similares en los momentos tan feos que vivimos, y allí vino a mi mente. Lo dije sinceramente, no por amarillismo. Me preguntaron luego: ¿Qué sentiste? ¿Qué pensaste? Y lo que pensé fue eso precisamente (en Fandiño). Afortunadamente puedo estar recuperado nueve días después y caminando y pensando en torear. El maestro pagó con su vida”.