Amigos aficionados…

Lo que bien se aprende no se olvida nunca. En los toros, ni se diga.

Raúl Fernando Aguayo Guillén, hoy rondando las ochenta primaveras, aprendió a dibujar por su papel de publicista en la época en que los diseños eran verdaderas obras de arte manuales. Los anuncios publicados en el Diario, por ejemplo, muchos eran de su mano.

Pero aunado a eso, tiene herencia taurina que, a la larga distancia de su nacencia, todavía recuerda. Nació en Muna y, nieto de un conocido torero de pueblo de esa época, Pedro Alfaro “Llaverito”, se aficionó a los toros sin chistar.

Los periódicos muchas veces llevaron, en vez de fotografías, grabados a mano, llamados apuntes. Él fue el encargado de hacer los dibujos durante muchos años para las crónicas taurinas del Diario. Todo un arte, especialmente por la inmediatez: termina la corrida, a hacer los trazos y luego traerlos a la redacción. Muchos magníficos hombres de lápiz y papel han contado la historia de la tauromaquia.

La pandemia le causó encierro como a todos, pero una de sus terapias fue, claro, pintar sobre toros. En 1968, en blanco y negro, hizo un apunte para el aniversario de la muerte de Manolete, que amablemente nos hizo llegar para la ocasión de años del trágico percance de Linares, pero con valor agregado: otra lámina, a colores, que incluimos en el trabajo especial para recordar la fecha celebérrima de entre el 27 y 28 de agosto de 1947.

Y ha sido enorme la lista de bocetos y grabados que han salido de sus manos, representando las suertes, dándole vida a la imaginaria de todos los que se juegan la vida en el ruedo. Ojalá se anime a hacer una exposición de sus trabajos porque, para los taurinos, eso representa mucho. Amor sincero por la Fiesta.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán