Amigos aficionados…

Dicen los que saben que, siempre, el principal enemigo de la Fiesta está dentro de la misma Fiesta.

Puede ser. A veces las evidencias se dejan ver muy fácilmente.

¿Qué será más fácil? Respetar reglamentos o pisar los mismos estatutos que rigen a la tauromaquia.

Se debe pensar, creemos, en todo lo que gira en torno a una corrida o una temporada, en su día a día, en su paso a paso. Desde la confección de carteles o seriales hasta que se apuntille al último toro de un festejo para poner fin a todo lo planeado. Se puede cometer un error desde el primer instante, y enmendarse también al instante, pero sin dejar de lado las cuestiones rectas que deben seguirse.

Puede ser fácil caer en una falla y decir: ¡vamos, adelante! Porque pueden venir una más y luego otra, hasta se haga una cadena de pifias que desencadenen en lo impensable. Sea Madrid o Sevilla (tan puristas y elitistas como imperfectas, como todo), o sea cualquier coso del mundo taurino.

La reglamentación es la reglamentación. Ni yo, ni tú, ni él, ni ustedes ni ellos. Todos deben respetarla para que pueda seguir caminando esta Fiesta, a veces muy maltrecha, con la frente en alto. Difícil, siempre, pero no imposible si se quiere.

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