Amigos aficionados…
La fiesta de los toros es para vivirla. Para ir a una corrida, una conferencia, una tienta, una charla de café con los amigos. Y para saludar y cruzar mano o abrazo con sus protagonistas.
Si en el fútbol todos quisieran conocer a los grandes cracks, en el béisbol a los caballos, en los toros, queremos ir tras las figuras. Entre los que escribimos, también tenemos personajes a seguir.
En su libro “El toreo verdad”, Heriberto Murrieta dice que sus sensaciones de la primera vez que fue a la Plaza México fue encontrarse no solo con los toreros, sino con quienes él había escuchado narrar en la radio. Y la historia del “Joven” Murrieta es una perla entre las joyas de la tauromaquia mexicana.
En honor a la verdad, cuando abría las páginas del Diario siempre trataba de ver quiénes firmaban las crónicas deportivas. Recuerdo a Juan Brea en béisbol y boxeo (su famosa frase: “el deporte de las orejas de coliflor”), a Délmer Peraza Pacheco, al ingeniero Gaspar López Poveda (maestros de aulas y de la Redacción). Y me causaba intriga uno: Ele Carfelo. Siempre me preguntaba qué quería decir ese seudónimo. Cuando llegué al Diario supe: eran las iniciales de su nombre, Luis Carlos Fernández López.
Y las cosas que uno hilvana: parecido su nombre con el de Pepe Alameda, el famoso “Sabio del toreo”, Carlos Fernández y López.
Y siempre dije: algún día lo conoceré. Creo ese ha sido uno de los grandes regalos.
Las cosas siguieron su andar. Por equis o por ye razón, se anuncia a Cristina Sánchez para torear en Yucatán, pero entre pleitos de empresa y autoridad, la corrida se muda a Peto y, también por esas cosas que pasan, el ingeniero Fernández López no puede cubrirla, y sugieren que sea yo el que vaya a la corrida a la frontera yucateca con Quintana Roo. Tal vez hicieron el favor más grande: me metieron más a los toros. Desde entonces, salvo dos o tres veces, por cosas de salud, no me he perdido casi nada de lo que ha pasado en la Plaza Mérida.
De eso que les cuento, ayer, 15 de enero, se cumplieron 25 años, como recuerda Mauricio Perera en su “Península taurina”. Bodas de plata siendo, digámoslo así, el que lleva la información taurina para las páginas del Diario.
Tratas de reaccionar sobre lo vivido en ese cuarto de siglo y una avalancha de vivencias aterrizan en la mente. Ciertamente hemos visto desfilar a todas las figuras del toreo en nuestro coso máximo, igual que en las coberturas en Motul, y con satisfacciones por haber pisado el redondel de la Plaza México para las corridas de 5 de febrero y 12 de diciembre, y, humildemente, la Plaza de Las Ventas de Madrid, para hacer llegar a los lectores del Diario y usuarios de las plataformas de Grupo Megamedia, el acontecer de la Feria de San Isidro.
La última vez que fui a Madrid me sentí como Murrieta en sus inicios: no quería saludar tanto a los toreros, como a los comentaristas que vemos en las retransmisiones. Saludamos a Manolo Moles, Emilio Muñoz, David Casas, entre otros. También a Fernando Fernández Román, que es una verdadera institución en esto de hablar y escribir, y uno de los grandes abrazos fue de Luis Francisco Esplá, que tras ser el torero de más tardes toreadas en Madrid, ahora es analista para TV. Siempre recuerdo su frase “¿por qué una foto conmigo, si yo ya no toreo?”, casi lo mismo que me dijo el timbalero de Las Ventas, Lamberto Amador: Si yo no toreo…
No torean, pero son protagonistas de la fiesta. Y esos serán, siempre, parte de los héroes de mi memoria en estos cinco lustros escribiendo y hablando de toros. Un protagonista en Yucatán es el querido Ele Carfelo, el “Chino”, que hoy se recupera de un asunto de salud. Allá comenzó todo: queriendo saber. Y todavía seguimos queriendo saber más.— Gaspar Silveira Malaver
