Amigos aficionados…

Se acabó la temporada de la Plaza Mérida, que fue más larga de lo esperado. A frotarse las manos para que el receso no se nos haga tan prolongado.

Tuvimos la oportunidad de ver acarteladas a las primeras figuras del toreo mundial, que, sin duda, siempre generan altos vuelos, aunque corrida que es anunciada como de expectación siempre no terminan siendo triunfales. Los esfuerzos, hay que decirlo, fueron grandes y merecieron la pena para los aficionados. Dicen Alberto Basulto y Alberto Hagar, que dirigen la empresa que regentea la Mérida, que ya están en planes para la temporada siguiente. Esa es otra noticia importante: ir de una vez a pelear por contratos.

De lo que pasó, bueno o malo, o lo que no pasó, hemos hablado de sobra en estos y otros espacios. Así que ahora que llega el receso, hay que ver muchas cosas en la tele o en plataforma, igual que lo que se pinta en sitios cercanos a Mérida, pues en la Península nunca deja de haber toros. Muchos carteles de interés se han dejado ver en los ruedos de estas regiones, con toreros yucatecos de a pie y a caballo.

Recordaba con Antonio Rivera hace poco sobre los detalles y las sensaciones que dejaron hace un año presentar en Madrid un libro sobre la tauromaquia y sus derivados en Yucatán, sus distintas formas de interpretación, que sigue acaparando reflectores, y es tema en coloquios o conferencias.

Bien vale poner aquí, aunque a toro pasado, algunas frases que dejaron sentir a los yucatecos presentes en Las Ventas y el Instituto “Juan Belmonte” de la Fundación del Toro de Lidia, y que, por ejemplo, el crítico taurino José Carlos Arévalo, director de “6toros6”, la revista de mayor influencia en los años recientes, y Victorino Martín García, presidente de la Fundación y criador del afamado hierro de Albaserrada. Arévalo dijo entonces: “¿por qué nosotros no conocíamos tanto de esta devoción. Creí haber conocido todo sobre la Fiesta, pero veo que me falta”. Así como lo leen.

Y Victorino, que se apresuraba para ir a narrar una corrida en Las Ventas, en San Isidro, se quedó mirando la foto de la procesión en honor a San Bernardino de Siena, en mi querido Tixkokob, que era parte de la exposición de “La fiesta no manifiesta”: “Espero ir algún día a vuestro pueblo a ir a conocer esta devoción tan grande, de fiesta, de pasión y religión”.

El filósofo Francoise Zunbielh, un devoto de la fiesta de los toros, igual vertió elogios no solo a la obra, sino a la devoción de los yucatecos y peninsulares por los toros y sus tradiciones. De tablados, de palma de guano, a cosos de mampostería, pero siempre con el corazón por delante.

Cerramos hablando de una foto de alguien que igual es de un devoto de los toros: Joaquín, jugador icónico del Betis de Sevilla, que anunció su retiro de las canchas. Famoso el futbolista bético por sus celebraciones toreando con el capote. Cada que él ganó la Copa del Rey (fueron tres veces, dos con Betis y una con el Valencia) blandía la capa que le regaló Curro Romero entre un olé que se convertía monumental. Lo hicieron también Raúl, mi admirado “Ángel de Madrid”, y Sergio Ramos, pero ellos en Champions League con el Real.

Como sea, qué patente fortaleza de afición de Joaquín. Eso, como hicieron en su momento otros grandes de diversos ámbitos, motiva a reflexionar sobre la forma de defender la Fiesta. Esas 35 mil firmas para pedir la reapertura de la Plaza México, por ejemplo. Pudieron, debieron ser muchísimas más, pero algo es algo.

Recordar esa y otras gestas dentro y fuera de los ruedos harán que nuestro receso de toros en la Mérida sea menos largo. Ya queremos que sea otoño otra vez.

 

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