Hace un año, la afición taurina se preguntaba si Emilio de Justo volvería a torear después de una espeluznante voltereta en el Domingo de Ramos en la Plaza de Las Ventas de Madrid.
Recordando los tragos amargos de ese percance, volvió a girar en el aire Emilio, tras una fea levantada, pero hoy no fue grave, y pudo el torero cuajar una faena de gente grande ante un toro muy bravo, de bandera.
Le cortó dos orejas al tercero de la tarde, de Olga Jiménez entre el reconocimiento de los aficionados que colgaron el “no hay billetes” en el día estelar de la Feria de Abril. Rozó el diestro la Puerta del Príncipe, pues su segundo no le ofreció condiciones para el lucimiento.
Basta recordar la cornada del Domingo de Ramos de 2022 para pensar las vueltas que da la vida. Emilio de Justo salió cargado por las asistencias para irse a un largo peregrinar en rehabilitación, y ahora logra este sonado triunfo en la Feria de Abril. Un año y la vida va.
Por ello el susto cuando el de Olga Jiménez le arrolló y puso el pitón a milímetros de la piel, atravesando las ropas del torero extremeño. A “Filósofo” le premiaron con clamorosa vuelta al ruedo.
La corrida grande de Farolillos, además de ver al sexto ejemplar dar la vuelta al ruedo y a De Justo recorrer el albero con los dos trofeos, recordará a Morante de la Puebla por inventarse una faena a un toro que no traía. Morante gustó y se gustó, con toreo de pellizcos de arte. Distinta su faena a la de De Justo, igual de distinto el trato recibido por el palco de la autoridad, que no otorgó el segundo trofeo a Morante porque los aficionados la pidieron poco. En la web, los aficionados sevillanos y seguidores del estilo morantista protestaron ruidosamente por la negativa del presidente, afirmando en sus redes sociales que la de Morante fue “una oreja de Puerta del Príncipe”. Criticaron al público asistente, distinto “aficionado que conoce”.
El trasteo de Morante mostró la esencia que a veces de los toreros caros les resulta difícil exponer. Sin mucho toro, logró lo que buscaba.
Alejandro Talavante se fue sin trofeos a pesar de dos faenas muy de su corte, trabajadas al detalle. Le silenciaron.— Gaspar Silveira
