La última vez que se paró en Madrid, Emilio de Justo se fue en hombros entre controversias sobre que sí merecía o no la Puerta Grande o si el toro que le dio el triunfo merecía la vuelta al ruedo. La polémica que nunca sobra y a veces falta.
Por ello, lo hecho ayer por el torero de Cáceres, aquel que se fue como muñeco de papel tras gravísimo percance un año atrás, dejó ver una faena de muleta de altísimos vuelos que, lamentablemente, perdió por fallar al primer viaje con la espada. Era un triunfo legítimo, que quedó con una fortísima ovación, premio con el que igual se conformó Andrés Roca Rey, que pinchó en su primero y perdió al menos un trofeo.
La corrida, la 13 del abono de la Feria de San Isidro, registró otro lleno de “no hay billetes”, en una tarde de relumbrón, con famosos toreros en el ruedo y famosos aficionados en los tendidos y en los burladeros de callejón, artistas, deportistas, los de “sangre azul”…
Sin fortuna se vio a José Mari Manzanares, pero dejando su sello de lidiador lo mismo fino que poderoso, y buen estoqueador.
Con suerte Emilio de Justo con el quinto, el mejor de la tarde, y podría ser también de la Feria, como también podría considerarse al trasteo del cacereño. Muy rotundo su quehacer taurino, bien educado su concepto. Largo fue el arranque del toro, con emotividad, y largo, por la derecha, el bien llevado tramo muletero. Si había duda de quién toreaba, quedó despejada. Pero el triunfo, que pudo ser contundente, se fue apenas porque falló al primer viaje. Una pena.
También le pasó a Roca Rey. La espada da triunfos… Y los quita.— Gaspar Silveira
