Iga Swiatek de repente parecía perdida en la final del Abierto de Francia. Sus golpes eran imprecisos. Su confianza se había desvanecido. Y su gran ventaja inicial había desaparecido.

Volteaba una y otra vez a la tribuna, en busca de los consejos de su entrenador y también de su psicólogo.

Todo parecía salirle mal hasta que se encontró a dos juegos de la derrota ante la checa Karolina Muchova. Fue entonces, cuando más lo necesitaba, que Swiatek recuperó su forma. Se convirtió nuevamente en la jugadora que ha sido la número uno del tenis femenino durante más de un año. La campeona defensora de Roland Garros. Agresiva. Contundente.

Swiatek se sobrepuso a una crisis de confianza en el segundo set y a una desventaja en el tercero para derrotar 6-2, 5-7 y 6-4 a Muchova y levantar su tercer título de Roland Garros y su cuarto Grand Slam.

“En verdad me encanta estar aquí”, dijo la campeona. “En esencia, es mi lugar favorito de la gira”.

Cómoda desde el principio, número uno del mundo, tomó ventaja de 3-0 luego de apenas 10 minutos en la cancha Philippe Chatrier, ganando 12 de los primeros 15 puntos, y luego se colocó también 3-0 en el segundo, antes de que Muchova le pusiera drama al partido.

“Sé lo mucho que importan los equipos en nuestro deporte. A pesar de que es un deporte individual, no estaría aquí sin mi equipo”, declaró la polaca. “Así que, muchas gracias, en verdad. Disculpen si soy un dolor en el…” y ahí terminó la frase.

Muchova ganó cinco de seis juegos para igualar a un set por bando y mantuvo el momento en el decisivo, tomando ventaja de un rompimiento en dos ocasiones.

Fue en ese momento que la polaca retomó su nivel, deslizándose con excelsa defensa y encontrando el momento perfecto para ir por el punto. Ganó los últimos tres juegos del partido.

Cuando terminó, la polaca dejó caer la raqueta y se cubrió el rostro… era campeona en Francia.— AP

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