Regina Alférez Licea, con sus medallas, tras la charla de ayer en el IDEY. Le acompañan, de izquierda a derecha, Dunyansed Borges, su madre, Gabriela Licea; Diego Marín y Marta Licea
Regina Alférez Licea, con sus medallas, tras la charla de ayer en el IDEY. Le acompañan, de izquierda a derecha, Dunyansed Borges, su madre, Gabriela Licea; Diego Marín y Marta Licea

Regina Alférez Licea ha aprendido mucho de cada uno de los 17 años que lleva en la natación artística.

De sus debacles, más, pero sin rendirse nunca, ni cuando les dijeron que vendieran calzones, Avón o Tupperware para costear sus competencias entre acusaciones de “mentirosas”.

“Eso nos hizo más fuertes, porque nos mostró, por un lado, que la gente nos apreció y llegaron apoyos de Tupper, de Avón y muchos más, un cariño que de verdad fue impresionante. Y también nos enseñó que, si queríamos trascender más allá de eso, teníamos que mostrarle al mundo de qué estábamos hechas para competir”.

Regina, en una charla con Grupo Megamedia, presumió las medallas logradas a lo largo de un calendario en el que más de una vez pensó en tirar la toalla, pero que, al final, mereció la pena en cada instante, sobre todo con la medalla de oro de los Juegos Panamericanos de Santiago, que le dio el boleto para los Juegos Olímpicos de París en 2024. Tenía colgada al pecho varias y, con sensatez, dijo: “Todas valen mucho porque por todas nos hemos sacrificado. Quizá más la de ahora en Santiago, pero la de los Centroamericanos de San Salvador tuvo su valor”.

Cada logro, entonces, tiene su sentido. El de ahora, es volver a los entrenamientos pensando en que lo mejor está por venir.

“Viene la etapa más fuerte: prepararse con todo para los Juegos Olímpicos. Y luego volteas y dices: ¿Prepararse para una Olimpíada de las grandes? Waoo. La niña que comenzó en el nado sincronizado hace 17 años ganó una plaza para Juegos Olímpicos”, dice la medallista, parte del equipo al que la titular de la Conade, Ana Guevara, exhortó incluso a vender “calzones, trajes de baño, Avón o Tupperware”.

“Es cuando dices: todo ha merecido la pena”, afirma la medallista dorada en equipos en Santiago.

Como dice esta entrega al principio, son 17 años los que ha dedicado a nadar, 11 de ellos como parte de la selección mayor de México. “Muchas veces decían que era una niña cuando llegué, pero tenía la convicción de que podía lograr los objetivos del equipo. Y por primera vez en 27 años, el país tiene boleto para los Olímpicos”.

Regina insiste en que, cuando hace sus reflexiones, toma en cuenta todo lo que ha vivido y a todas las personas que están cerca de ella, su familia, compañeras, entrenadoras… “Eso hace más grande cualquier logro que se pueda obtener en el deporte. Siempre decimos: ¡Vamos México!”. Y la carrera a París apenas está en proceso, en un sendero que, si deja huella en otros deportistas, tendrá más sentido.— Gaspar Silveira

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