Cien años de vida; cuatro generaciones, decenas de modas y un sin fin de historias han pasado por “La Diosa”, un negocio lleno de tradición y que continúa siendo referente de miles de familias meridanas.
Corría el 26 de junio de 1926 cuando don Tiburcio Díaz Romero abrió las puertas de este emblemático local en compañía de su hijo Tiburcio Díaz Buenfil. La esquina de la calle 60 con 63 vio pasar cientos de quinceañeras, novias y a mucha clientela por años.
“Fuertes como el amor cuando empieza”, pregonaba don Tiburcio en su caminar mientras ofrecía sus telas a quien estuviera en las calles de la ciudad. La atención al cliente desde siempre fue “muy personal” y “el vendedor llegaba a conocer en detalle los gustos, las necesidades y posibilidades de cada uno de sus clientes, gracias a la norma de extender los rollos de tela uno por uno, a la vista y el tacto del comprador”.
Aunado a la cálida y efectiva atención, “La Diosa” importaba de Europa velos y organdíes suizos, encajes ingleses, burato francés y linos irlandeses, así como seda china, para la confección de ropa elegante, ganándose el valor entre la gente desde la década de los 30.

Los años fueron pasando, la moda fue cambiando, pero la historia comercial pasó de generación en generación sin perderse en el tiempo. Hoy, después de cuatro generaciones, y a un siglo del comienzo de esta historia, La Diosa, continúa siendo el referente del buen vestir no solo de la sociedad yucateca, sino también a nivel peninsular.

En el verano de 2007 don Tiburcio falleció, pero, durante mucho tiempo, clientes seguían preguntando por él ya que nunca dejó de trabajar. Pese al paso de los años, las historias y recuerdos de “La Diosa” no cesan.
Pequeñas, jóvenes y adultas aún recuerdan tan espléndido lugar, el cuál visitaron y les permitió hacer sus vestidos realidad. “Mi mamá me traía aquí desde pequeña”, “él siempre nos atendía”, “aquí compré la tela para mi vestido de XV años” o “todavía tengo ese vestido y parece como nuevo” son algunos de los comentarios que aún resuenan cuando se habla de este negocio familiar.
Ahora las nuevas generaciones continúan con su legado, aunque la locación de la emblemática esquina cambió y ahora se encuentra sobre la calle 60 hacia la calle 65 a media cuadra de la tienda original.

También cuenta con una sucursal en la colonia México. En ambas direcciones tiene el mismo gusto por atender a tan selecta clientela, con todo el respaldo de una historia familiar.




