Miró Lupita Quintal Catzín una foto del Archivo del Diario y casi lagrima. Era la primera imagen publicada de ella, en 2007, combatiendo con su amiga Laura Charruf en la Olimpíada Nacional.

Y hoy, a largos 16 años de distancia, es la referente del karate mexicano. La “Capi”, recién desempacada de Santiago de Chile, donde ganó la medalla de oro en artes marciales, no duda en decir que “ha merecido la pena cada momento que he dedicado a practicar karate”.

Y con ello, en ese repaso, se incluyen sacrificios, largas temporadas fuera de casa, lesiones, terapias. “Un sinnúmero de aprendizajes, de sinsabores, de ratos que a veces te hacen pensar en tirar la toalla, pero, cuando logras metas como las de este año, como son las medallas de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe y los Panamericanos de Santiago, te das cuenta que todo sacrificio tiene su recompensa, así que aquí seguimos”.

A Santiago, confiesa en larga plática en Grupo Megamedia, llegó acarreando una lesión que le implicó estar varios días sin entrenar. “Tenía los recuerdos de lo vivido en anteriores Panamericanos, con lesiones y fuera del podio, pero esta vez no me iban a doblegar. Y vaya que uno aprende a que el poder de la mente es enorme, porque, entre terapias día y noche, dediqué tiempo a pensar, a reflexionar. Y el juego mental me ayudó a la hora de la verdad. Fueron varios días sin entrenar, ya con la competencia cerca”.

Una de las leyendas que ilustran las paredes del CoWorking del Diario dice: “Si el plan no funciona, cambia el plan, no cambies la meta”. Y así, cambió su estrategia: mentalmente, llegó al tope; con la rodilla vendada y peleó por ese oro que, hoy en día, la tiene en todo lo alto del karate panamericano.

No todo fue bueno. La yucateca perdió su primer combate, pero nunca perdió la fe. “En los minutos entre combate y combate, volví a pensar y me dije: ‘sí puedes, claro que puedes… Y pude”.

Vuela la mente de la que también es campeona de las aulas (graduada en Contaduría en la Anáhuac Mayab gracias a una beca deportiva) y hoy en día es coordinadora de Alto Rendimiento en el Instituto del Deporte de Yucatán. De la chiquilla de la foto que le cautivó, a la profesional de ahora. “A la Lupita de hace muchos años, la que se fue de casa cuando tenía 14 años, le diría que no tenga miedo de intentar lo que le costó trabajo hacer. Al final, entre experiencias, te toca vivir y te toca estar lejos, a veces incluso cuando gente a la que quieres se tiene que ir, y no estás para despedirlos, ni están para ver los logros que alcanzas. Son las circunstancias que se tienen que afrontar”. Ideal para otra de las leyendas de las paredes: “Deja que tus sueños sean más grandes que tus miedos”.

Se plantó igual, grabando un vídeo, sobre otro mural del área de relax, que reza: “El camino al éxito es la actitud”. Sin duda. Si alguien sabe de eso, es ella.

Recordaba cuando, favorita para el oro en los Panamericanos de Toronto, sufrió una dura lesión que le privó el podio. En 2019, en los de Lima, no pudo acceder a las medallas igual por lesión, quedándose fuera de los Juegos Olímpicos de Tokio. En los Panamericanos de Santiago, casi todos los ganadores de oro recibieron el simbólico boleto para los Juegos de París, pero el karate no es deporte olímpico ahora, por tanto, ella, tras brindar el esfuerzo de su vida, no recibió el suyo.

“Pero seguimos al pie del cañón. Ya con toda la experiencia de vida, hay que asimilar las cosas como son, como te toca vivirlas”.

Y ella bien podría decir “misión cumplida”, pero no sabe a ciencia cierta cuándo será la hora de guardar el karategui. A final de cuentas, el karate es parte de su vida, lo que le ha dado prácticamente todo lo que tiene.

Sus palmarés es reconocido: medallas múltiples de Olimpíada Nacional, de Juegos Centroamericanos, de Panamericanos y de Serie Mundial, ha sido Premio Estatal ý Mérito Deportivo Yucateco y recientemente se estrenó como organizadora de un evento grande, la Copa Mundial Juvenil de karate, que reunió a jóvenes de más de 50 países.

“Ahora quiero tomarme un descanso y luego volver a entrenar con todo. Por ello, no sé si en un mes, o en un año, diga que será la última competencia, pero hasta que pueda ir al tatami, créanme que será dando todo lo que pueda, compitiendo al máximo siempre”.

Las cosas que se hacen, igual expresa, “son como te las propongas, como sea tu pasión a lo que haces. O no, francamente, no tendrá sentido intentarlo”.

Las cargas, entonces, por muy pesadas que sean, siempre tendrán su recompensa. Lo fue, no hay duda, ese abrazo gigantesco que recibió de su madre, Guadalupe Catzín Paredes, cuando llegó de Santiago. “¡Esaaaa fotoooo!”, exclama sobre la imagen que el Diario publicó en la portada de Deportes. “Mi madre era siempre muy callada. Pero ese día armó la fiesta en grande, reunió a mucha gente que me aprecia para que vayan al aeropuerto. Yo solo quería llegar y comer algo bueno, después de tantos días con dietas de Juegos Panamericanos. Y waoo… Esa sorpresototota. Nada se compara con eso”.

Antes de salir del CoWorking, había otra leyenda en la pared: “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”.

Lupita llegó al Diario con una especie de latita, que parecía un recipiente de galletas. Nada. Dentro traía la joya soñada: era el estuche de la medalla de oro de los Juegos Panamericanos. “Aquí está el sueño”.

Entonces, claro que es posible alcanzar la meta.— Gaspar Silveira Malaver

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