Amigos aficionados…

Una palabra resume todo lo logrado ayer en la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la sesión en que se revocó la suspensión de las actividades taurinas en la Plaza México.

¡Libertad!

Lo que los taurinos abogaban era que pudieran regresar los toros al coso más grande del mundo. Y que se dejara de lado la palabra prohibir. A nadie se le debe prohibir nada. La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos lo asienta.

El grito de manifestación de numerosos taurinos ayer a las puertas de la Corte era ese precisamente: “Libertad, libertad”.

Muchas veces en este espacio hemos abordado el tema de qué es ir a los toros. Y también lo que significa no ir para quienes no sean adeptos a esta manifestación, que puede llamársele artística, cultural, herencia, deporte, show, espectáculo. Preocupa que, cuando decidieron prohibirlas, no analizaron a fondo todo lo que gira en torno a la fiesta de los toros.

Y allí radica, principalmente, la inconformidad de quienes queríamos que volvieran los toros: que antes de decidir prohibir, pensaran en las circunstancias que rodean a la Fiesta. Naturaleza, economía, empleo, cultura, tradición. Todo eso detallaron quienes defendieron a capa y espada a la más bella de todas las fiestas, entre ellos Antonio Rivera Rodríguez, yucateco que es parte fundamental de la lucha en pro de los toros.

Y ya. Como cantaba Serrat con su “velero llamado Libertad”. Solo eso: libertad.

Hubiera sonreído el apreciado doctor Mario Lizama Ortega con esta noticia. Pero el Creador le llamó antes que a nosotros. Si volvemos a la México, gritaremos olé a todo pulmón por él y por quienes no pudieron volver. Gaspar Silveira Malaver

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