Hay muchas cosas que se le critican al fútbol mexicano. La emoción que da una liguilla jamás debería de pensar, siquiera, en eliminarse.

Anoche, las Chivas mostraron más ganas y fútbol. El América mostró miedo y terminó por quedar eliminado, al caer 3-1 (3-2 global) en el partido de vuelta de las semifinales de la Liga MX.

Veljko Paunovic tiró por un caño los argumentos en contra de técnicos extranjeros. Su primera liguilla, un momento importantísimo en un Clásico Nacional y planteó el partido perfecto en un primer tiempo que el Rebaño Sagrado supo jugar.

Roberto Alvarado tuvo mucho que ver para darle esperanza al Guadalajara.

El “Piojo” le ganó una jugada en buena lid —aunque algunos intentaron generar polémica— a Alejandro Zendejas, dejó a medio mundo en el camino y sirvió un pase filtrado para Carlos Cisneros, que ni él supo como terminó metiéndose a la portería (19’) defendida por Luis Ángel Malagón.

Sacudido el América y su afición —el himno azulcrema no dejó de retumbar en las bocinas para intentar encender al Azteca—, el equipo terminó asentándose mejor en la segunda parte, ante unas Chivas que bajaron intensidad, sabiendo que tenían tiempo para lograr la voltereta en el global.

Álvaro Fidalgo encontró con un centro la cabeza de Diego Valdés, quien peinando marcó (56’) el gol que le daba una tensa calma a un Clásico emocionante.

Y de héroe a villano el español. Un planchazo suyo el VAR lo cambió por tarjeta roja para decantar el rumbo del encuentro. Fue, sin dudar, el punto de quiebre.

Chivas quiso, con ánimo y fútbol. Y lo logró.

Primero se tuvieron que comer una decisión polémica. Un gol, el segundo —de ellos y de Cisneros en el partido— fue anulado por una falta previa de Víctor Guzmán a Miguel Layún. En el papel bien marcado, pero previamente el mismo Miguel le había cometido una al “Pocho”.

¿Cuándo sí y cuándo no se cobra?

Pero cuando una decisión así te mata, al Rebaño le salió lo sagrado y le dio vida.

Alan Mozo metió el gol más importante de su carrera, una jugada prefabricada —efecto “Pauno”— que cobró, de nuevo, Alvarado y definió el canterano de Pumas, criticado y borrado en su primera temporada vestido como rojiblanco.

Pero faltaba uno.

Fernando Ortiz ayudó para que esto sucediera.

Sacó a Jonathan “Cabecita” Rodríguez, a Diego Valdés, Richard Sánchez, Zendejas y a un desaparecido Henry Martín. A defender 20 minutos ante un equipo con uno más y encendido en el ánimo no fue la mejor decisión.

Y en otra jugada por arriba, Jesús Orozco Chiquete venció con un cabezazo preciso a Malagón, quien no pudo hacer nada en ningún gol de los ahora finalistas.

Chivas dio un golpe sobre la mesa ante un pobre planteamiento azulcrema que, si no pasa nada raro (y no traiciona sus ideales) debería de mostrarle la puerta de salida al “Tano” Ortiz.

Y viene Tigres en una revancha del 2017, que ganó el Rebaño. La liguilla es emocionante, no hay duda.— MIGUEL ÁNGEL CALDERÓN LÓPEZ