No le ha sentado bien al fútbol el inicio de 2024.
Fallecido Lobo Zagallo en la víspera de Reyes y ayer, Franz Beckenbauer, dos de las mayores leyendas de la historia del balón. Ambos formaban parte de uno de los más exclusivos clubes, capaces de ganar el Mundial como jugador y como entrenador, un hito que solo Didier Deschamps ha sido capaz de igualar.
La muerte de Beckenbauer, nacido en Múnich en 1945 y aquejado de problemas de salud desde hacía unos años, la confirmó su familia a la agencia DPA sin especificar la causa: “Con mucha tristeza informamos que nuestro marido y nuestro padre, Franz Beckenbauer, falleció el domingo pacíficamente mientras dormía, rodeado de su familia”.
Con el adiós a Beckenbauer se cierra una década negra para varias generaciones de aficionados, que han ido perdiendo a sus grandes ídolos: Alfredo Di Stéfano, Johan Cruyff, Diego Armando Maradona, Pelé y ahora “El Káiser”, como se conocía popularmente al cerebro alemán.
“El mundo del FC Bayern ya no es lo que era, de repente más oscuro, más silencioso, más pobre: el campeón alemán llora la pérdida de Franz Beckenbauer, el inigualable ‘Káiser’, sin el cual nunca se habría convertido en el club que es hoy”, lloraba el equipo de su corazón al trascender la noticia ayer.
La figura de Beckenbauer se fue haciendo más grande con el paso de los años, cosechando éxitos en el césped, luego en el banquillo y, finalmente, en los despachos. Una intensa carrera que también le convirtió en una figura muy popular a nivel social en su país.
Pero su éxito se cimentó en el terreno de juego, donde se convirtió en un futbolista adelantado a su época, erigido en el gran estandarte del indiscutible dominio del fútbol teutón en la década de los 70. Beckenbauer, elegido “mejor futbolista alemán del siglo XX”, era un mediocentro con capacidad de llegada que sabía manejar los tiempos de los partidos a la perfección.
No se ponía nervioso en los momentos de máxima presión y tenía calidad para jugar el balón, con sus famosos pases con el exterior incluidos. Su envidiable lectura del juego le permitía situarse también más retrasado y contribuir en la construcción de jugadas ofensivas desde la defensa, como años más tarde le emularían, entre otros, sus compatriotas Lottar Matthäus y Mattias Sammer, a quienes dirigió en el once alemán.
Rivalidad con Cruyff
Fue el primer zaguero en conquistar el Balón de Oro (1972 y 1976) y el que cambió el concepto de la posición, demostrando que desde atrás también se podían ganar partidos. Su gran antagonista fue Cruyff, cuyo Ajax había humillado al Bayern con un 4-0 en la vuelta de los cuartos de la Copa de Europa de 1973. Tras aquella durísima derrota en Ámsterdam, el Bayern alzó el vuelo para iniciar su dinastía. “Johan era mejor jugador que yo, pero yo fui campeón del mundo”, argumentaba Franz.
Su enorme personalidad quedó en evidencia desde muy joven, cuando pudo salir airoso de un conflicto extradeportivo con la Federación. Porque tras dejar embarazada a su novia y negarse al matrimonio, el seleccionador Helmut Schon quiso apartarle del equipo. Sin embargo, la intermediación de Dettmar Cramer, el técnico con el que alzaría años más tarde sus dos últimas Copas de Europa, resultó decisiva para evitar la sanción y para confirmarle como el nuevo líder de la Nationalmannschaft.
Una de sus actuaciones más recordadas llegó durante la semifinal del Mundial de 1970 en México, cuando jugó con el brazo en cabestrillo ante Italia. Aquella derrota en uno de los mejores partidos de la historia (le llamaron el “Partido del Siglo”) sirvió de aprendizaje para la selección de Schon, que dos años más tarde conquistaría la Eurocopa con un rotundo triunfo ante la URSS (3-0).
No obstante, el gran momento para Beckenbauer se hizo esperar hasta el 7 de julio de 1974, cuando los goles de Paul Breitner y Gerd Muller en el Olímpico de Múnich otorgaron el segundo título mundial a la RFA, con un 2-1 frente a la Holanda de Rinus Michels. Durante aquel torneo, el líder del vestuario no escondió sus discrepancias con Schon ni con los federativos, que habían respondido a las exigencias de sus estrellas con una velada amenaza de enviarlos a casa. En cualquier caso, la competitividad de aquella selección, inferior técnicamente a la “Naranja Mecánica” y capaz de reponerse al madrugador pénalti señalado por Jack Taylor, aún representa uno de los momentos estelares del fútbol moderno.
El cénit de Beckenbauer con el Bayern llegó en 1976, con la tercera Copa de Europa consecutiva, rubricada ante el Saint-Etienne en Glasgow (1-0) y el broche de la Intercontinental frente al Cruzeiro (2-0 y 0-0). La coronación mundial del gigante bávaro, que dos años antes había caído ante el Atlético de Madrid y en 1975 había renunciado a medirse a Independiente de Avellaneda, alegando incompatibilidad de fechas.
La gloriosa etapa en Múnich —que se había tambaleado una década antes, cuando llegó a firmar un precontrato con el Ínter de Milán— llegaría a su fin en mayo de 1977. Entonces, Beckenbauer aceptó la propuesta del Cosmos de Nueva York, donde alinearía con astros de la talla de Pelé y Giorgio Chinaglia, el goleador que en 1974 había conducido a la Lazio a su primer Scudetto. En cualquier caso, el multimillonario proyecto liderado desde los despachos por Clive Toye, no dio el salto de calidad al fútbol en Estados Unidos. De regreso a su país, Beckenbauer aún ganó un título de la Bundesliga con el Hamburgo en 1982 antes de colgar las botas.
Pese a su inicial rechazo al trabajo como entrenador y pese a no haberse sacado jamás el título, en 1984 decidió aceptar el ofrecimiento de la Federación. Jupp Derwall había tenido que renunciar tras el adiós en la Eurocopa de Francia, donde la Mannschaft caería con un gol de Antonio Maceda. No obstante, la calidad de una columna vertebral formada por Andreas Brehme, Lothar Matthaus y Karl-Heinz Rummenigge, permitió a la RFA llegar a la final del Mundial de 1986 en México, donde cayó ante la Argentina de Diego Maradona (3-2).
La revancha llegó el 8 de julio de 1990, cuando un potentísimo equipo al que se habían sumado Klaus Augenthaler, Pierre Littbarski o Jurgen Klinsmann, derrotó a la Albiceleste en el Olímpico de Roma (1-0) con un pénalti transformado por Brehme. En ese momento, Beckenbauer sucedía a Mario Zagallo como el único capaz de proclamarse campeón de la Copa del Mundo como futbolista y seleccionador. Por desgracia, el destino ha terminado por unir a ambos, ya que el brasileño falleció en Río de Janeiro el pasado viernes a los 92 años. Con Beckenbauer, se va un pedazo del fútbol.— Con información de “La Vanguardia” y “El Mundo”
“El Káiser” El mundo
Reacciones destacadas tras la muerte del legendario Franz Beckenbauer, ganador de la Copa del Mundo como técnico y técnico con Alemania, a los 78 años de edad.
Estilo visionario
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA: “Su incomparable versatilidad, sus elegantes transiciones entre la defensa y el centro del campo, su impecable control del balón y su estilo visionario transformaron la forma de jugar al fútbol de su época. Sus dotes de liderazgo en el terreno de juego también le hicieron brillar como capitán de la selección nacional y del Bayern de Múnich. El legado de Beckenbauer como uno de los grandes del fútbol de todos los tiempos es indiscutible”.
Persona única
Bernd Neuendorf, presidente de la Federación Alemana de Fútbol: “El deceso de Franz Beckenbauer marca un verdadero hito. Contemplamos su trayectoria de vida con respeto y gran gratitud. Con él perdemos a un futbolista único y a una persona entrañable. Con su facilidad para hacer las cosas, su elegancia y su visión, marcó pautas en la cancha”.
Humilde siempre
Gianni Infantino, presidente de la FIFA: “Franz Beckembauer tiene logros y triunfos como jugador y entrenador que pasarán a la historia y, sin embargo, a pesar de toda su popularidad, ‘El Káiser’ siempre se mantuvo humilde y con los pies en la tierra. Una verdadera gran persona, un amigo del fútbol, campeón y verdadera leyenda. El querido Franz nunca será olvidado”.





