Las noticias sobre el estado de salud del torero mexicano José Alberto Ortega no dejan de ser desalentadoras.
Aunque todavía es prematuro poder establecer el verdadero estado de salud, en las últimas horas ha experimentado cierta mejoría, ya que al reducir la sedación se constató que entendía indicaciones y podía mover las manos, un hecho que resulta alentador dentro de la gravedad en la que se encuentra, de acuerdo con un reporte publicado por el portal “Al toro México” ayer en la tarde.
Alberto sigue ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Puebla, donde el médico neorocirujano Fausto Álvarez lo intervino el lunes, y a poco más de 24 horas de haber salido del quirófano, el galeno emitió un extenso parte médico en el detalla su estado clínico y los pasos que, el equipo que lo atiende, pretende dar conforme transcurran las próximas horas.
En su parte final, el médico indica que “la evolución inicial es favorable; se efectuó ventana en sedación donde el paciente despierta, mueve sus manos y entiende indicaciones. Se encuentra aún en UCI en protocolo de tratamiento, incluyendo antibióticos, profilácticos, en forma multidisciplinaria por neurocirugía, medicina crítica, maxilofacial y otorrinolaringología. Las lesiones se clasifican como las que ponen en riesgo la vida y la función”.
El torero, de 24 años de edad, fue aparatosamente empitonado en la corrida realizada el viernes pasado en la Plaza “Jorge ‘Ranchero’ Aguilar” de Tlaxcala. El toro de Barralva, sexto de la tarde, le pegó la cornada penetrante en el cuello, que le dañó severamente. De la plaza lo llevaron inconsciente.
La cornada de Ortega fue señalada por conocedores como una de las más impresionantes ocurridas en los últimos años en ruedos mexicanos, y parecidas a las sufridas años atrás por los matadores españoles Julio Aparicio y Jiménez Fortes, que salvaron la vida casi de milagro.— Gaspar Silveira
