Nada fácil presentar un examen de grado con los ojos expertos de una de las eminencias del arte marcial.
Y así desfilaron ayer, en el tatami del Dojo Central del Sureste, 29 karatecas que presentaron examen de grado, como parte central del XXVII Seminario Internacional, en una jornada que tuvo emotividad, muchísimo silencio cuando fue necesario, y estalló en ovaciones al terminar cada uno de los combates entre los protagonistas.
El shihan Hiroyoshi Okazaki, cinta negra noveno dan, fue el sinodal. Los ojos expertos del jefe de instructores de la Federación Internacional de Karate Shotokan, y de los senseis que le acompañaron en la mesa, siguieron minuciosamente a los exponentes, lo mismo niños de 12 años, como Fernando Jiménez Sánchez, postulante para segundo dan, que el doctor Primo Reyes Campos, quien presentó para cinta negra sexto dan, con 67.
“No es fácil, nunca será fácil, pero una de las cosas más importantes que tiene el karate shotokan es buscar siempre la superación, mejorar día con día en el arte marcial”, dijo Manuel Carrillo Sáenz, quien presentó para séptimo, el grado más alto jamás sustentado en el domo del fraccionamiento Montecristo.
Pero vaya que estar en la arena, sea solo, en pareja o en grupo, es una responsabilidad que puede poner a sufrir a cualquiera, en el buen sentido de la palabra. El shihan Okazaki se fue entre satisfacciones a los vestidores tras la sesión de casi dos horas de exámenes.
El momento de las formas fue entre un auténtico silencio, que incluso permitía escuchar la respiración de los exponentes. A rato sólo se rompía por los motores de los vehículos que pasan en la calle de junto y con las expresiones de los karatecas.
Al sensei Carrillo Sáenz le tocó realizar su kata solo y, distinto a los demás, no tuvo combate cuerpo a cuerpo, sino que actuó en fase de defensa personal, ante Salvador Farías Gallegos.
Los demás, desde segundo dan, hicieron kumite, mezclados entre diversos grados. Los combates fueron intensos, levantando los ánimos contenidos durante casi una hora en las katas. Y al final, mientras los combatientes se abrazaban, se dejaban escuchar fuertes aplausos.
El shihan Okazaki había señalado la víspera la importancia de que cada vez más gente practique el karate, sumando el aporte que las generaciones preparadas puedan dar a los de nuevo cuño. Esa fue una de las razones del aprendizaje de ayer, hacer que mejoren en sus demostraciones.
Ejemplos: muchos niños buscando convertirse en cintas negras, y varias personas mayores de 60 años tratando de seguir creciendo. El doctor Reyes Campos, por ejemplo, presentando para sexto dan con 67 años de edad; Pablo Molina Zaldívar, quien con 66 buscó el segundo; Francisco Palma Pavón, de 64, por el sexto, y Ángel Bassol Perea y Luis Reyna Peraza, con 63, el quinto grado. En todos entraba el sentido de la responsabilidad, el saber que meses de arduo trabajo podría no servir en la prueba con el más mínimo error, especialmente de concentración.
Cuando hoy se den los resultados, no quedará duda de que lo que sigue es seguir trabajando, tanto para grandes como para chicos. Para los que aprobaron, para los que esperarán un año más para volver a ser examinados. El karate sigue.
“En el karate, ya lo dijimos y lo diremos siempre, no se deja de aprender”, expresó el sensei Pedro Torre López, cinta negra séptimo dan, presente en la mesa de examinadores con los maestros Álvaro Ruiz Muñoz, Fernando Quijano Pereira y Denis Houde, todos ellos séptimo dan.
















