Cuando los primeros dos sembrados se fueron rápido a casa, Tristan Boyer levantó la mano. Y no la bajó hasta cumplir la meta.
El californiano, el más consistente de todos los 32 participantes del main draw, se proclamó monarca de la histórica primera edición del Yucatán Open, un Challenger 50 que, dicen los que lo vieron, cumplió con sus objetivos en todos los puntos.
Boyer firmó un categórico 7-6 y 6-2 sobre el argentino Juan Pablo Ficovich en una intensa final de singles, en la cancha estadio “Lorenzo Molina Casares” del Club Campestre. Tras finiquitar el último game, explotaron fuegos artificiales iluminando la noche meridana en una clausura para la historia. Fue el final de una larga semana de un nivel de tenis profesional que nunca se había vivido en Yucatán.
“Ojalá este torneo dure muchos años, que vaya subiendo, este tipo de certámenes son para eso, para crecer”, dijo Boyer tras recibir su primer trofeo ganado, una pelota de piedra tallada. Jorge Haro Giffenig, presidente del Comité Organizador, se lo entregó.
Rankeado 230 en la ATP, Boyer se quedó con el estandarte tras las eliminaciones repentinas del número uno, Oliver Crawford, y el dos, Federico Gaio. Solamente perdió un set y entre sus víctimas estuvo el yucateco Rodrigo Pacheco Méndez.
“Estoy muy feliz de haber jugado en este club, de gente tan linda, en un buen torneo, bien organizado. Y ojalá pueda volver a jugar aquí”, expresó el histórico monarca.— Gaspar Silveira Malaver
