El mundo del béisbol amaneció el 9 de abril de 1974 impactado por la que tal vez sea una de las más grandes hazañas de todos los tiempos. La noche del 8 de abril, Hank Aaron hizo pedazos uno de los récords sagrados del rey de los deportes: el de 714 que logró Babe Ruth. Parecía imposible de alcanzar.
El cuadrangular 714 del “Martillo” llegó ante Al Dowing, de los Dodgers de Los Ángeles, en la cuarta entrada. Más de 50 mil fanáticos que llenaron al Estadio del Condado de Fulton explotaron de furia cuando Downing le pasó una pelota mala a Aaron comenzando el turno (le había dado pasaporte en el primero) y cambiaron el semblante cuando la segunda pitcheada fue prendida y mandada sobre la verja del jardín izquierdo. El patrullero Bill Buckner se colgó de la barda en vano intento por engarzar la pelota y Aaron recorrió lentamente las bases, mientras decenas de aficionados bajaron al terreno de juego para felicitar a un héroe que generó debate.
No a todos gustó esa hazaña. Aaron, negro, no fue bien visto por muchos en una época en la que todavía se vivían problemas con la gente de color.
Henry Hank Aaron recibió incluso amenazas en cartas, similar a como le pasó a Roger Maris cuando fue él el que rompió la marca de 60 jonrones de Ruth en una temporada en 1961, y no Mickey Mantle, que era el ídolo de los Yanquis de Nueva York.
Los periódicos de todo el mundo dieron amplia cobertura a la hazaña de Aaron, que, en su aniversario 50, ayer, fue objeto de homenajes en los parques de las Grandes Ligas. El Diario de Yucatán tituló su portada con la proeza del pelotero: “Aaron ya es el mejor rompecercas de todos los tiempos”. Y colocó una declaración de Hank: “Gracias a Dios, todo ha terminado”.
La persecución del récord fue tormentosa para Aaron y su familia, por lo que Ruth significa para la pelota. Maris lo vivió también.
Una disputa entre los Bravos y el entonces Comisionado Bowie Kuhn se había estado gestando durante esa primera semana de la temporada de 1974. Aaron igualó el récord de Ruth cuando conectó su cuadrangular número 714 en el Día Inaugural en Cincinnati. Kuhn insistió en que Aaron jugara en los últimos dos juegos de esa serie contra los Rojos. El propietario de Atlanta, Bill Bartholomay, y el manager Eddie Mathews estaban decididos a darle a Aaron la oportunidad de romper el récord en Atlanta.
Aaron terminó jugando siete entradas en el partido final de la serie en Cincinnati, pero regresó a Atlanta con la oportunidad de dar a los fanáticos locales la posibilidad de presenciar lo que sigue siendo uno de los momentos más grandes en la historia del deporte.
Porque, aun cuando Barry Bonds eclipsó la marca de Aaron (totalizó 744 cuadrangulares y Bonds logró 762), su confesión de usar esteroides tiene señalado su historial con un asterisco, y para muchos, el héroe es Aaron, no Bonds, y con Hank, Ruth aparece siempre en los recuerdos.— Gaspar Silveira
