La última corrida de la Feria de Abril no colgó el “no hay billetes”. Tampoco tuvo toreros mediáticos.
Lo que tuvo, de principio a fin, fue lo que a la fiesta de los toros ayuda más: esencia del toreo verdad.
Anunciaron un encierro de Miura y ya eso fue ganancia. Si los toros, como los de ayer, generan expectativa por su temor, y no por comodidad, es ganancia.
Y si los toreros exponen como la terna que cerró la fiesta en la Real Maestranza de Sevilla, la tauromaquia se deja ver en su máxima expresión.
Una oreja cortó Esaú Fernández y fue poco, porque Manuel Escribano dejó ir al menos una al fallar con la espada, y la autoridad se puso dura y no le dio una a David Fandila “El Fandi”, que bien parecida la había ganado con el cuarto.
El hierro de Zahariche mandó lo que se espera de Miura: toros grandes, armados. De esos que no dejan descanso a nadie.
Y de los toreros, ninguno regaló nada. Escribano venía de una cornada el sábado pasado ante un toro de Victorino Martín y la gente le tributó una ovación fuerte al llegar. “El Fandi” se recupera de una grave operación y aún así se fueron a portagayola dos veces casa uno, y compartieron el tercio se banderillas con seguridad y lucimiento.
Los toros de Miura, se sabe, son de lo más en exigencia y pidieron las cartas a los tres toreros. Los tres las presentaron. Eso fue lo que más valió: la verdad de los matadores ante astados de catadura grande. Y ya se sabe porque no todos salen a lidiarlas. Se necesita mucho más que ser matador.
Esaú le cortó una oreja al tercero de la función, a base de extraer dos tandas muy sólidas, con derecha e izquierda. Muy meritoria su estocada y la oreja concedida.
Escribano plantó cara al quinto. Desde sus lances con el capote y con la muleta, estuvo en un plan de torero caro. Se fue la Feria de Abril con una tarde sin triunfos numéricos, pero con triunfos de la fiesta brava. Nada de figuras, nada de lujos. Toros y toreros como en los viejos tiempos.— Gaspar Silveira Malaver



