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Dicen que siempre el cierre de una obra para la entrega es lo más complicado. Y pocas veces se había visto un despliegue de trabajo como el que este lunes se vive en Kanasín.

A horas de que que era un campo de béisbol amateur pase a ser inaugurado como un estadio para la Liga Mexicana, un ejército de trabajadores de varias áreas iba a marchas forzadas para que quede lo mejor posible la casa de los Leones de Yucatán.

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El ir y venir era impresionante en el Estadio “Victor Cervera Pacheco“, donde, al medio día, lo más urgente era que llegara la energía eléctrica especial para ultimar los detalles. En la tarde-noche, el ritmo era igual: impresionante la cantidad de obreros que laboraba en todas las áreas. Hubo una prueba del alumbrado, estrenándose las torres, tanto las llegadas del Parque Kukulcán como algunas nuevas, con luces Led, y muchas personas, entre aficionados y curiosos, llegaban para ver “qué tanto había”.

El campo, la materia prima, estaba casi listo. Colocaron las bases, y las líneas para pintar las rayas blancas para delimitar ferbol con faul. Los pintores y rotulistas hacían su obra a mano, y en las alturas, se instalaron los pliegos para terminar la pizarra electrónica, gigantesca estructura que se arma junto a la Concha Acústica, donde se da cuenta de la marca insignia de Kanasín: paraíso del panucho.

Seis minutos tardaron los reporteros del Diario en llegar desde el Anillo Periférico de Mérida hasta la zona del estadio. De salida, fueron casi veinte minutos. Un río de mototaxis ocupan las calles casi a toda hora. ¿Cómo será en la noche, para ingresar a la sede, o para la salida, tras el juego?

Hombres y máquinas laboran no a cien ni a quinientos por hora, sino mucho más. Se desmontaban dos terrenos aledaños para el estacionamiento, y pesadas montacargas llenaban volquetes con logos del gobierno del Estado y pipas rociaban los lotes para luego colocar capas de material y compactar.

El exterior era el dolor de cabeza. Igual, a pasos más que forzados se trabajaba en la zona de palcos, unos cuantos nada más.

El sol caía a raja piedra y el polvo se dejaba ver desde muchos metros de distancia. Los encargados de terreno ruegan por una lluvia porque el césped necesita agua, no solo la de los pozos

Electricistas, herreros, albañiles y más estaban desde las 7 am, muchos desde domingo.

Si antes se consideró una obra titánica, para las 24 horas finales iba a ser mucho más que faraónico el trabajo.

Moverse por la zona del estadio era casi imposible, entre pesados camiones, automóviles y, sin faltar, los mototaxis.

Del paradero del Ie-Tram al campo, uno podría llegar caminando en dos minutos. De La Plancha a Kanasín, se calcula unos 25.

Los accesos a las tribunas en realidad no serán complicados si se hace con orden (aficionados, trabajadores, policías). Distinto a como se hacía en el Parque Kukulcán, donde había que acomodar a más de 12 mil personas. En Kanasín, si acaso, 4,700 aficionados tendrán cabida.

Kanasín no dormirá esperando que llegue el martes para la inauguración de la campaña en casa para los Leones, y porque el ruido de las máquinas seguiría toda la noche para tratar de dejar lo mejor posible una obra histórica y en un tiempo récord.- GASPAR SILVEIRA MALAVER

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