Los Fuente Ymbro con su presencia y casta un día, y al siguiente, los de Baltasar Ibán con su leyenda.
Al menos en los albores de la Feria de San Isidro, los toros están dejando notas de interés en la arena de la Plaza de Las Ventas de Madrid.
La de ayer fue una corrida interesante, con muchos matices, como los del mexicano Ernesto Javier “Calita”, quien pechó con el peor lote, pero fue su seguridad ante dos ejemplares que exigían y exigían. Le silenciaron su labor, pero dejó esa impronta que a veces los toreros sufren para mostrar.
La única ovación de esta tarde fue para Francisco de Manuel con el quinto de la tarde. Ese toro se llamó “Bastonito” y a los aficionados de viejo cuño hizo recordar a otro “Bastonito”, un que lidió, tres décadas atrás, el colombiano César Rincón. Tuvo el de este año, empero, casi los alcances de ese mítico astado del San Isidro de 1994, y la sensación que dio, en capote y muleta, dejaron muy grato sabor de boca. Bravo de principio a fin, a ratos superando al lidiador, que va creciendo.
Mucha bravura
La corrida de Ibán, en el tipo del encaste tradicional de ese hierro de San Lorenzo del Escorial, tuvo algo que a muchos gustó: a su bravura, agregue sensación de peligro, no peritas en dulce. A la fiesta de los toros últimamente los toreros caros, llámese figuras, han preferido lidiar encastes de bondad y suavidad preparada especialmente.
l toro siempre debe ser el rey de la arena. Siempre. Como el “Bastonito” de Rincón y el “Bastonito” de Francisco de Manuel.— GASPAR SILVEIRA MALAVER
