La fiesta brava en el sureste mexicano se vistió de luto.

Minutos antes de la media noche del jueves, en el seno de su hogar en el centro de Maxcanú, dejó de existir el señor Juan María Castillo González de la ganadería de toros bravos de Sinkeuel que nació con la familia Peón, y patriarca desde los años 70 de ese hierro, que es parte de la leyenda de la tauromaquia en la región.

Tenía 82 años de edad, pues nació el 8 de agosto de 1942 en la hacienda Chunchucmil, en Maxcanú.

“A las 4:30, la hora de la salida del primer toro, entrará a la iglesia. Se apagó estando en paz. Don Juan Castillo abrió la Puerta Grande del cielo”, dijo en un mensaje el presbítero Fausto Guadalupe Castillo Pereyra, el mayor de los cinco hijos procreados por Castillo González y su esposa, María del Carmen Pereyra Lizarraga.

Desde 1977, cuando falleció su padre, Juan Castillo Castillo, Juan Castillo González, tan escrupuloso como su progenitor, se hizo cargo del hierro, asentado casi junto a las marismas de Celestún, en un rancho denominado “San Simón”, perteneciente a la comisaría de Chunchucmil.

Sinkeuel fue todo un referente para la fiesta de los toros por más de un siglo. De su fundador, que pudo criar al toro “Farolito” que lidió en la Plaza Mérida el famoso Manuel Rodríguez “Manolete” en 1946, al heredero, que pudo ver crecer en San Simón a “Lunero”, noble toro indultado por David Silveti en el coso de Reforma en 1988 y que marcó para siempre uno de los mayores acontecimientos de los últimos años en el albero de la Avenida Reforma.

“Mis toros deben tener nobleza, bravura, y si sentimos que no la tienen, no van a ninguna plaza”, destacó el criador en una entrevista en los burladeros de la ganadería, con motivo del centenario de la dehesa, que los yucatecos celebraron con una novillada en la Mérida, en la que dio la vuelta al ruedo triunfal tras la lidia de Alberto Huerta a uno de los astados. “Sinkeuel es de los yucatecos”, dijo varias veces el fallecido criador.

Pero sin duda, en la memoria del ahora difunto ganadero rondaba siempre el indulto de “Lunero”, acontecido el 31 de enero de 1988, en una tarde en la que el malogrado Silveti alternó con Jesús Solórzano y el español Joaquín Bernardó.

En ocasión del aniversario 30 de ese acontecimiento, en una charla con el Diario, don Juan María señaló que, a pesar de que a “Lunero” le habían perdonado la vida, tuvo toros de mejor conducta en el coso meridano. Y recordando una foto famosa de este periódico, que retrata a él y David dando la triunfal vuelta al ruedo entre lágrimas, señaló que “no hay momento más grande para un ganadero que un toro tuyo reciba el mayor de los reconocimientos. Eso indica que se hicieron las cosas bien”. Cuidaba a sus astados desde becerros hasta ser novillos o llegar a toros, con un esmero que era digno de elogiarse. Respetaba el papel de ganadero porque, comentaba, de allí surge la materia prima principal para la fiesta de los toros. Portando guayabera, sombrero y zapatos camperos, siempre estaba cerca de los corrales, en la dehesa, entre bebederos y pastizales, y en la plaza, vigilando los corrales celosamente. Espantaba incluso al fantasma del afeitado.

Siempre era un deleite platicar con él y recordar sus anécdotas y momentos históricos. Postrado en una silla de ruedas desde hace varios años por problemas de salud, una de sus últimas apariciones públicas fue para la celebración de una misa de réquiem por el deceso de José Luis, uno de sus hijos y quien por años fue su colaborador en asuntos ganaderos. Ese día la ofició el padre Fausto Guadalupe, en febrero de 2022 en la parroquia de San Miguel Arcángel maxcanuense. Colindando con la parroquia, en la terraza de su casa donde vivió casi toda su vida, especialmente tras contraer matrimonio con María del Carmen Pereyra Lizarraga el 11 de junio de 1962, departió, saludó y abrazó a muchos amigos que, por la pandemia, había dejado de ver. Juan María y María del Carmen, a pesar de la tristeza vivida, se veían contentos por estar con vida y saludar a los asistentes.

Procrearon cinco hijos: Juan Diego, José Luis (fallecido), Manuel Jesús, Carmen del Socorro y Fausto Guadalupe. Sus padres fueron Juan Castillo Castillo y Socorro González Vera y tuvo tres hermanos: Gilberto, Mariano y Luis.

El velatorio se realizó en su domicilio en el centro de Maxcanú. Sobre el féretro colocaron la divisa y el hierro de Sinkeuel, el gran amor de su vida.— Gaspar Silveira

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