México se tardó décadas en hacer su presentación en la gimnasia rítmica por equipos en Juegos Olímpicos.
Y si bien es cierto su actuación puede medirse entre contrastes, el estreno de las chicas de Blajaith Aguilar dejó grato sabor de boca y, lo más importante, es que las tricolores plantaron, desde mucho atrás, una semilla que puede servir para cosechas en el futuro inmediato.
El conjunto tricolor, clasificado duodécimo tras los dos ejercicios en la ronda preliminar, recibió importantes comentarios tras su papel en el tapiz de Porta de Chapelle.
Desde la oficial Comisión de Cultura Física y Deportes (Conade), hasta los más importantes medios de comunicación, señalaron el papel positivo hecho por las tricolores, quienes, para mala fortuna, cometieron un error en la primera rutina, que fue muy señalado en las calificaciones, y las jueces, a la hora de puntear en la segunda, fueron duras con las mexicanas, marginándolas del grupo de ocho naciones calificadas.
A veces el simple hecho de llegar a los Juegos Olímpicos llena a muchos, es el máximo logro. Pero no quedar entre los finalistas deja insatisfechos a todos.
En el caso de México, que nunca había llegado a los Olímpicos en esta disciplina, se espera que sirva para trabajar con más fuerza. Yucatán, por ejemplo, tiene una senda que seguir, pues tres de las cinco integrantes son de esta entidad, la capitana Adirem Tejeda Amaro (22 años), Dalia Alcocer Piña (20) y Julia Gutiérrez Pereira (16, la más joven de toda la delegación) tuvieron en vela a sus coterráneos, que durante la madrugada del viernes siguieron atentos la competencia desde París, sintiendo como suyo el logro de estar en la máxima justa deportiva.
El conjunto dirigido por Blajaith Aguilar llegó a París 2024 tras haber pasado de todo. Hasta en una guerra quedaron atrapadas. Por lo mismo, hay veces que los resultados quedan en segundo plano. Y el brillo de las medallas, o de estar en las finales, no debe opacar el esfuerzo de los deportistas para llegar a donde nadie nunca antes había llegado.
Aires nuevos
México dejó huella, sin duda, y uno de los puntos más destacados fue la frescura de sus rutinas. Las mexicanas buscaron atrapar al público con el movimiento de los aros, dispuestos de manera especial como los aros olímpicos. La imagen generó el delirio del público y dio paso a una rutina que por momentos fue brillante, pero no escapó de los errores propios de la novatez, como si el aro cobrara vida propia y se resistiera a morir en las manos de las gimnastas.
La segunda rutina comenzó de forma espectacular, con una representación del Museo del Louvre, y una voz que retrataba, con cierto drama, la personalidad parisina, para luego dar paso a ritmos de la Belle Epoque.
México, fuera con sus calificaciones pobres, logró muchas ganancias en su estreno. Una, tener una presencia esperada muchos años, con un trabajo de equipo sin precedente; otra, tal vez la más notable, agradar y cautivar con sus rutinas, mostrando el trabajo hecho durante todo el ciclo olímpico entre campamentos y competencias.
El futuro
Volteando hacia atrás, imaginando el futuro, el papel de seniors y juveniles en el Campeonato Panamericano de Guatemala, donde brillaron todas las mexicanas, deja buen augurio, que crece con lo hecho en París. Y Yucatán tiene mucho talento para aportar en esta era que comienza ya.
El trabajo debe seguir de forma inmediata. Eso dijeron ayer las selecciones que subieron al podio, con unas sorprendentes monarcas, las representantes de China, que nunca habían llegado a lo alto del podio. Bulgaria, que abrumó en la ronda eliminatoria, se tuvo que conformar viendo la premiación desde fuera, pues tuvo errores en la final de ayer que fueron costosos. A las chinas les siguieron Israel e Italia.— Gaspar Silveira Malaver


