El jonrón de Jesse Castillo ante Miguel Rubio que dio a los Leones de Yucatán su tercera corona en la Liga Mexicana fue como la graduación de un puñado de muchachos estudiantes.
A muchos les llegó la consagración con esa improbable victoria, coronada en el Juego 5 de la Serie Final ante los Sultanes de Monterrey con un cuadrangular de Jesse en la entrada 14. Fue en un día como ayer, pero hace 18 años, en una épica noche en el Parque Kukulcán.
“Y parece que fue ayer, es imposible de olvidar ese momento”, relata Óscar Rivera, abridor de ese partido por las fieras. Óscar era uno de los jovencitos peloteros que, dijeron los expertos, se hicieron hombres. La vida les cambió en ese 2006 de manera definitiva. La lista de jugadores de ese equipo incluía a promesas yucatecas como Oswaldo Morejón, Luis Borges, Said Gutiérrez, unidos a Salvador Arellano, Jesse, y hombres de experiencia como Willie Romero, Pedro Castellano, Luis Arredondo, Héctor Castañeda, Donzell McDonald y José Vargas. Bajo la batuta de Lino Rivera, y con el mando del fallecido empresario Gustavo Ricalde Durán, rompieron todos los pronósticos.
Como los de Carlos Paz, dejaron fuera a los Diablos primero, luego a los Tigres, que tenían tremendos trabucos y por tanto, favoritos, y de allí, a devorar al rival de la Zona Norte.
Pero el campeón del Norte era un peso pesado: los Sultanes de Monterrey tenían en sus filas a lanzadores de probada experiencia en las Mayores, como Juan Acevedo, Félix Heredia, Alfredo Aceves, y más figuras. Una constelación de estrellas en cada posición. Dicen que ese fue uno de los clubes más fuertes que ha perdido una final. Ernesto Jerez, que narró la final junto con Alfonso Lanzagorta para ESPN, dijo alguna vez que “fue un momento épico”.
Jugar y divertirse
Jesse recordaba hace poco, al llegar con los Conspiradores de Querétaro, que fue “una de las grandes hazañas de la pelota mexicana. Nosotros jugamos sueltos, Lino nos decía eso siempre: salgan, libérense, diviértanse. Eso hicimos”.
Salieron a mano en el arranque de la Serie Final en el Estadio Monterrey y llegaron a Mérida crecidos tras agenciarse el Juego 2, con pitcheo de Arellano en una feria de batazos.
Eduardo Salgado, que había tenido un rol regular para el olvido, lanzó el Juego 3 como jamás soñó (lo admitió) y ganó, y el partido 4 tuvo en la loma a un Wílliam Vizcarra brillante, apoyado por un jonrón de Raúl Sánchez, quien, casi como Kirk Gibson con los Dodgers ante Oakland en 1988, jugaba con una pierna dañada.
El Juego 5 fue el domingo 27 de agosto, a las 6 de la tarde. Óscar Rivera, zurdito de Magdalena, Sonora, abrió los ojos ese día y vio el firmamento soleado. “Amigo —relata—, no sé, pero ver ese domingo con mucho sol, me auguró que iba a ser un gran día, de ir por el anhelado campeonato. Era tanto, que no pensábamos en otra cosa que no sea el campeonato. Esos extrainnings… Yo salí, Héctor Castañeda igual, veíamos a ratitos en la tele, comiéndonos las uñas. Fue algo muy bonito”.
Jesse fue uno de esos “improbables” de la coronación. Él no estaba considerado para ser titular ese año, pero se lesionó el titular Francisco Cervera. “Benditas cosas, ¿no, veterano?”, recuerda Jesse. “Nunca olvidaré ese momento”. Jesse, tras ese suceso, se convirtió en un gran bateador y ha sido uno de los más rentables de su generación entre todos los jugadores mexicanos.
Nadie lo olvidará de los que lo vieron en vivo o en televisión. Luis Borges, que jugó esa noche el campo corto, relata lo que vivió en el turno de Jesse, abriendo el turno de la entrada 14: “Venía Jesse, luego Said y después yo. Jesse se puso en dos strikes y comencé a ajustarme el protector. Entonces escuché el sonido del batazo, salí y vi cómo se iba la pelota. Se me enchina la piel solo de recordarlo, la gente emocionada, gritando… La vuelta de Jesse por las bases”.
Igual se recuerda el gran trabajo de un José Vargas impresionante lanzando cuatro entradas de relevo, una actuación soberbia que luego pasó factura. Era, no hay duda, un partido grande, que marcó la vida de muchos jóvenes hacia la consolidación.— Gaspar Silveira
