Los Venados salieron a hacer lo que se necesitan en estos casos: anotar y ganar, sin contemplaciones.
El resultado, un 5-1 que puede hablar de contundencia, se quedó corto, muy corto, considerando lo que pasó este viernes en la cancha del Estadio Olímpico “Carlos Iturralde Rivero”, donde se vio a dos equipos con proyectos diferentes: los Venados deseando recuperar los primeros planos y los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas arrastrando el farol rojo de una Liga de Expansión, que, dicen los comentaristas de televisión en ESPN, se está quedando sin sentido de competencia y eso propicia que se juegue tan desequilibrado.
Los Venados, de verdad, pudieron meter ocho o más goles de haber querido, o porque el arquero Rubén Castellanos lo impidió.
Su dominio fue casi total y da gusto verlos concretar. Muchas veces pasa que, cuando te enfrentas a un rival de poca monta, no hallas la forma de acabar con él, se vuelve un jeroglífico indescifrable.
Esta noche, en una mojada y a ratos lodosa cancha, se fueron al frente desde temprano. Al cabo de 34 minutos, ya ganaban 3-0 (tantos de Jesús López, el yuca Khaled Amador y Erick Espinosa), pero pudo ser un 5-0 fácil. Lo malo para los locales es que, de pronto, el “Corre” cuajó un par de jugadas y metió una, en la prórroga.
En la segunda parte, Marco García metió el 4-1 y vinieron otras oportunidades no concretadas por los de casa. Los Correcaminos, arrollados, sacaron fuerza de no sabemos dónde y tuvieron también sus acercamientos de peligro.
Quizá esa fue la duda generada en torno a los ciervos: que al rival que estaban pisoteando, de pronto se les creció.
Ya sobre el tiempo, hubo unas manos en el área y Luciano Nequecaur, de vuelta a la cancha, marcó para la “manita” ante el colero de la Liga de Expansión.— Gaspar Silveira Malaver
