Casi desde que tuvo uso de razón, Julio Chuc Flores sabía lo qué quería para su vida: ser torero.
¿Julio qué?
En los toros es Julio Ventura, le dicen “Venturita” porque es hijo de un torero de pueblo, tan humilde como soñador, que ya vio a su primer hijo, José, convertirse en novillero destacado (ahora es un sobresaliente torero de plata). A “Ventura” le toca ahora confeccionar el siguiente vestido de torear, porque es un conocido sastre de toreros.
Será para Julio Buenaventura Chuc Flores (Mérida, 30 de julio de 2005). Ese segundo nombre dice muchísimo para la fiesta de los toros en Yucatán.
¿Te imaginabas ser algo que no fuera torero?, le preguntamos hace un par de días, en una mañana de intenso bochorno en el cortijo “El Refugio”, construido por Wílliam Muñoz “Charrón”, allá en el Sur meridano, donde los aviones pasan casi rozando los árboles.
“No. Siempre quise ser torero. Usted sabe, mi familia, mi papá, mi hermano Pepe. Crecí en eso. Y ha sido una vida de torero”.
Ha picado piedra desde muy niño. Se paró ante una becerra con sólo 8 años de edad. Anduvo de ruedo en ruedo con su padre, en la dura brega de ser torero de pueblo. “Se sufre, claro, pero amamos esto”, confiesa.
Y por eso el paso que sigue lo está disfrutando, porque es un sueño: debutar en la Plaza Mérida en un cartel que tiene, además, a dos novilleros mexicanos que están bien parados y cotizados, aquí y en España. Bruno Aloi y Eduardo Neyra no se la van a poner fácil mañana sábado en la Plaza Mérida.
“Es un sueño. Siempre quise que eso pasara, pero a veces esto no es fácil. Y tengo que agradecer a mis padres por confiar en mí como persona para aspirar a ser. Mucho agradezco también a la empresa Toros Yucatán por darme esta oportunidad que tanto anhelaba”.
“El 12 de octubre será un gran día”, comenta, mientras prepara la muleta para la embestida de la carretilla que maneja su padre. Suave en el movimiento de muñecas, como mimando al novillo ficticio.
Sabe bien, sin embargo, que en lo que viene nada será fantasías, sino una guerra de sí o sí. No toreará ante público fiestero de pueblos, sino ante una cátedra que, se sabe, es exigente. En la Mérida estará bajo la lupa.
“Me voy a salir a dejarlo todo, a sudar el terno. Quiero llegar lejos y para eso, es salir a morirse”.
Yesenia, su madre, le persigna. Ella está súper ilusionada en el vestido que elaboran minuciosamente para esta ocasión, uno en grana y oro. “Saber que el traje es para tu hijo te da una sensación especial”, señala.
Y Julio lo agradece. “Han hecho mucho por mí. Y es por ellos, por tanta gente que nos rodea, que dejaré todo en este debut”. Sus padres, guadalupanos devotos, dicen: “Que sea como Dios y la Virgem quieran”. El que se esfuerza, tiene siempre recompensa. ¿No? GASPAR SILVEIRA MALAVER

