A lo largo de cinco décadas, el Club Palestino ha tratado de que el fútbol sea una de las razones de unión y trabajo por los jóvenes de Yucatán, especialmente en el Sur de Mérida. Pero el balompié no es lo único.

“Cincuenta años… se dice fácil”, suspira Antonio Osorio Vázquez, precursor y coordinador de ese centro de formación, que en 2025 celebrará sus bodas de oro.

Fundaron el Palestino en 1975, teniendo entre 13 y 14 años. Y desde entonces, no han detenido su paso. “Entrenamos a jugadores mayores que nosotros. Y ahora, trabajamos con todo aquel que quiera, niños, jóvenes, adultos, hombres, mujeres”, indica. Todo nació en la Villa Palmira, que era la segunda instalación en importancia detrás del Estadio “Salvador Alvarado”, donde un puñado de chamacos decidió unirse en ese lugar, donde Osorio Vázquez puso en práctica lo aprendido con el fallecido Mario Ontiveros, precursor del deporte en el Sur.

Y lo que fueron torneítos de la categoría libre, creció. Trataron de hacer ver, siempre, que el fútbol no lo era todo, motivándolos a estudiar y trabajar, ser personas de bien. Palestino llevó a sus equipos a jugar a la Liga Marcelino Champagnat en 1980-81, y hoy en día son, junto con los del CUM, los equipos más antiguos del circuito. Recuerda que el primer balón crack que tuvieron se los obsequió Luis Hernán Bolio Medina (fallecido), “fue un lujo tenerlo”.

“Pedimos ayuda a empresarios, y empezaron a ayudar y fuimos creciendo”, hasta mudarse a la Dolores Otero, luego a la Santa Rosa, que era sólo una calle; a la Preparatoria Serapio Rendón, “hasta que la familia Charruf nos dio los terrenos, gracias a Dios, y de allí el gobierno hizo las canchas en 1996 y se inauguraron en periférico”.

“Lo más importante es que, en estos casi 50 años, hemos visto que más de 200 muchachos terminaron su carrera y muchos más son personas de bien”.

Y eso reconforta porque, asegura, “no es un trabajo, cuando disfrutas lo que haces todo se facilita”.

Para 2025, a mediados de año, quieren armar una fiesta grande. “En el Sur somos la organización seria, que ha permitido a muchas personas jugar fútbol, olvidarse de las caguamas, los churros de mariguana, para ser personas de bien. Muchas familias viven bien gracias a lo que se hace. Es fútbol y sociedad que van de la mano. Esperemos sea por muchos años más”.

Su labor social es punto clave. “Desde 1975 sembramos árboles, lo vieron los soldados de la Zona Militar e hicieron ese trabajo social también. Ahora vamos a buscar un lugar donde podamos sembrar uno por los 50 años, que podamos cuidarlo”.

Será uno de los eventos que planean realizar por sus bodas de oro de una labor social fundamental en el Sur de Mérida.— Gaspar Silveira

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