La temporada de 1979 que Fernando Valenzuela vivió con los Leones de Yucatán me permitió conocerlo, pues ocupó un departamento en la propiedad de mi padre, doctor Alfredo Bolio Pinzón, quien siempre lo trató con todas las consideraciones.
Recuerdo que por instrucciones de Plinio Escalante, presidente de los Leones, se le apoyó para tramitar su traslado a Estados Unidos, que se realizó el 1 de agosto de 1979, después de haber derrotado a los Diablos. Mike Brito, buscador de los Dodgers, lo esperó en el Parque del Seguro Social para llevarlo a lo que sería su viaje a la inmortalidad.
Fernando siempre fue muy tranquilo, callado, sencillo y disciplinado. Recordamos su noviazgo con la yucateca Linda Margarita Burgos Metri, con quien formó una hermosa familia.
Recuerdo que los Yanquis de Nueva York, con su buscador Wilfredo Calviño, dejaron escapar la oportunidad de comprarlo a los Ángeles de Puebla, a los que pertenecía su contrato: no quisieron pagar los 100,000 dólares que sí pagaron los Dodgers.
El que trajo a Valenzuela a Yucatán fue Carlos Paz, quien lo dirigió en la Liga del Bajío y le sugirió a Plinio que fuera pedido prestado a Jaime Pérez Avellá, propietario de los Ángeles poblanos.
Respetamos siempre el que Fernando haya decidido en el álbum de su vida no reconocer a Paz ni a Corito Varona, buscador de talento de los Dodgers y quien seguía de cerca a Valenzuela por los campos de la LMB y enviaba sus reportes a la oficina de los Dodgers. Todo el mérito de su descubrimiento se le dio a Mike Brito e inclusive él hizo un reportaje que se llamó “I found Fernando” (“Yo encontré a Fernando”).
Fue un privilegio haberlo conocido y tenido la oportunidad de apoyarlo. Esto lo escribo por las vivencias que compartí con él y por la tristeza que me embarga su fallecimiento repentino. Descanse en paz, Fernando Valenzuela Anguamea. Mérida, octubre de 2024
