En las pocas horas que lleva de fallecido Fernando Valenzuela ha quedado claro lo que el “Toro” valdrá para México y para el béisbol.
Para su país, porque, antes de que Fernando se convirtiera en la leyenda de lo que hablamos ahora, el México necesitaba con urgencia hombres como él, que inspiraran, cuya vida ejemplar, de lucha, sirviera para motivar, para mostrar que, como dice nuestra famosa frase, “sí se puede”.
Antes de su paso por Mérida, con los Leones de Yucatán, fue un joven con talento como muchos más que, empero, no pudieron llegar. Fernando, del ejido Etchohuaquila, Navojoa, Sonora, quiso, tuvo la oportunidad y la aprovechó. Es, no hay duda, el beisbolista más grande que ha dado México.
Pero ser un gran deportista no lo fue todo.
Ejemplos de extraordinarios peloteros hay por montones, pero no todos trascienden. Fernando pudo trascender.
La irrupción asombrosa en 1981 (ocho victorias seguidas, con cinco lechadas, ocho juegos completos) llegó justo cuando el béisbol más lo necesitaba, pues la huelga dañaba ese año de manera descomunal a las Grandes Ligas. Todos estaban molestos con el béisbol.
Y la “Fernandomanía” hizo que la gente regrese. El Dodger Stadium se llenó, desde entonces, en cada juego que el “Toro” lanzaba, y todo mundo habló otra vez del rey de los deportes. Sport Illustrated, la revista más importante e influyente del deporte en Estados Unidos, le dedicó una portada tras su asombroso inicio, titulando “Unreal” (Irreal).
Su tirabuzón, su figura, el zurdo que miraba al cielo cuando hacía su windup, el gordito que sonreía, que aparecía siempre al lado de Tom Lasorda. Todo mundo quería ser Valenzuela. El 34 se convirtió en el más famoso de los números en la pelota.
En México todos seguían sus partidos en televisión (los que pasaban), la gente se arremolinaba donde se podía. En la radio, Jaime Jarrín narraba todos sus juegos y Fernando y los Dodgers ganaban partidos, y el béisbol gana credibilidad.
El hombre que salió de un ejido pobre en la zona de los mayos, pronto fue el epicentro de todo el mundo del deporte. En la charla que ofreció al Diario en 2013 dijo que, si en esa época hubiese cobrado por cada entrevista o sesión como ahora, “hubiera ganado más dólares que pitcheando”.
En una de sus últimas entrevistas, ya visiblemente afectado por sus problemas de salud, le preguntaron sobre su no elección al Salón de la Fama. “El Toro” no se vio afectado por su ausencia en Cooperstown y dijo que “creo que no tuve números suficientes”. Sus 177 victorias pueden parecer pocas, pero salvar al béisbol de su crisis fue más grande que todas las cifras que se puedan acumular.— Gaspar Silveira
