Una locura el Juego 1 de la Serie Mundial. Sin duda.
Como cuando Kirk Gibson la sacó del parque en Dodger Stadium ante Dennis Eckersley en 1988 ante Oakland, anoche lo hizo Freddie Freeman con un monumental grand slam en la décima entrada para dar la vuelta al marcador y ayudar a los Dodgers a vencer 6-3 a unos Yanquis de Nueva York que, en el duelo de estrategias, marraron en un movimiento clave.
Una impresionante asistencia de 52,392 espectadores vieron el Juego 1, un verdadero drama que, seguramente, habrá tenido dedicatoria al mejor pelotero mexicano de la historia. En el previo, los Dodgers rindieron homenaje a Fernando Valenzuela, el último gran ídolo que han tenido los esquivadores.
No tuvieron los Dodgers un caballo como el zurdo de Etchohuaquila (hace 43 años ganó con 149 pitcheos a los Yanquis en toda la ruta). Pero lo que hicieron los lanzadores de Dave Roberts fue salir ilesos lo menos posible.
Gerrit Cole lanzó casi siete actos como un caballo. Se fue con el score 2-1 adelante (ventaja tomada con jonrón de Giancarlo Stanton) y al bullpen le empataron en la octava.
Los Yanquis recuperaron la delantera en la décima, pero sólo fue una carrera.
En el cierre, los Dodgers pusieron gente en primera y segunda ante el derecho Jake Cousins. Seguía Shohei Ohtani y el piloto Aaron Boone jaló por un zurdo, que fue el cubano Néstor Cortés, quien tenía buen tiempo de no lanzar, en parte por una lesión. Parecía más lógico usar Tim Hill, que está teniendo importante postemporada, pero…
Y el riesgo iba saliendo bien, pues el japonés elevó de foul, haciendo que el mexicano Alex Verdugo realice espectacular atrapada, pero cayó entre las butacas y los umpires adelantaron una base a los corredores. Como iba bateador derecho, hubo pasaporte intencional a Mookie Betts, uno de los mejores peloteros de MLB, pensando en que zurdo dominaría a zurdo, pero el primer pitcheo de Cortés fue un regalo al centro y Freeman lo mandó a los bleachers del derecho, desatando una locura en Chávez Ravine, como aquella noche de 1988 en que un casi lisiado Gibson vivió su jonrón de película para ganar un Juego 1 que guió luego a los Dodgers a la corona.
Los Yanquis desperdiciaron a Cole. Sus pitchers no dieron una sola base por bola, hasta las dos de la décima. También, fallaron en su ofensiva (de 8-1 con hombres en posición de anotar).— Gaspar Silveira M.
